ANÁLISIS. CARTA CONFIDENCIAL DEL CARD. OTTAVIANI REVELA PREOCUPACIONES POST CONCILIARES

Por Maike Hickson. OnePeterFive. 17 de Agosto de 2017.

(Carta íntegra en español al final de este artículo)

Hoy, el Sitio francés Riposte Catholique, hizo referencia a Tradinews, otro Sitio católico francés, el cual publicó una importante carta confidencial que data de 1966, escrita por el Cardenal Alfredo Ottaviani, el Pro-Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y luego enviada por él a todos los Presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo.

Después de contactar a los editores de Tradinews a fin de obtener más información sobre esta carta, ellos amable y prontamente nos enviaron la referencia directa a la carta en el Sitio internet del Vaticano. Por medio de esta carta, el Cardenal Ottaviani trató de evitar una mayor propagación de interpretaciones equivocadas del Concilio Vaticano Segundo, ¡apenas a SÓLO UN AÑO de su formal terminación! Esta carta es así de significante porque muestra la confusión doctrinal que comenzó a esparcirse justo después de la conclusión formal del Concilio.

El Cardenal Ottaviani tuvo toda la razón para preocuparse ya que había estado peleando durante la totalidad de los procedimientos del concilio para la preservación de toda la Fe Católica en su integridad. Tal como The Washington Post lo puso de manera tendenciosa (y progresiva) en 1979, y hasta su muerte:

 

El Cardenal Ottaviani se opuso amargamente a los esfuerzos del papa Juan XXIII en convocar al Concilio Vaticano II para modernizar la Iglesia, y fue el líder y estratega de las fuerzas más conservadoras en la Iglesia una vez que el Concilio fue puesto en marcha. […]

Más de una vez el cardenal se enfrentó con obispos progresistas en los terrenos del concilio al oponerse a las tendencias modernizadoras, tales como la autorización de la misa en lengua vernácula o romper con los muros de siglos de separación entre Católicos y otras iglesias cristianas.

Cuando la mayoría de las decisiones fueron en su contra, utilizó su vasta influencia en la Curia romana – el cuerpo administrativo central de la Iglesia – para retrasar tanto como fuera posible su implementación.

Algunas veces esta táctica fue contraproducente. En 1967, emitió un orden de que los Católicos no se unieran con los protestantes en servicios especiales de oración por la unidad de los cristianos – actividades que estaban bien dentro de las directrices establecidas por el Concilio Vaticano II. Muchos obispos ya habían dado su aprobación para tales servicios.

El papa Paulo VI se enteró de la controversia y revocó la orden del Cardenal Ottaviani.

El Cardenal Ottaviani se opuso a la decisión del concilio de permitir la traducción de la misa, del latín a lengua vernácula, y en algún momento dio el poderoso respaldo de la Curia a un sacerdote americano [no identificado] que inició un movimiento para preservar la misa en latín.

 

El Cardenal Ottaviani es el autor (junto con el Cardenal Antonio Bacci) del Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae conocido coloquialmente como “La Intervención Ottaviani” – una crítica que sigue mereciendo la pena considerar. Por ejemplo, nos presenta con estas palabras finales:

El abandono de una tradición litúrgica que ha sido durante cuatro siglos el signo y la prenda de la unidad del culto, su reemplazo por otra liturgia que no podrá ser sino causa de división por las incontables licencias que autoriza implícitamente, por las insinuaciones que favorece y por sus manifiestas agresiones a la pureza de la fe, parece que es, para hablar con términos moderados, un incalculable error.

También vale recordar que fue apenas poco antes del inicio del Concilio Vaticano II que el Cardenal Ottaviani fue silenciado, de acuerdo con un reporte del Dr. Robert Moynihan (el reporte completo del Dr. Moynihan no está disponible actualmente en internet. No obstante, fue lo suficientemente amable para enviarme el texto completo que ahora cito abajo). En el 2012, el Dr. Moynihan había conocido al historiador de la Iglesia, Mons. Brunero Gherardini. Moynihan lo relata así:

Entonces pregunté [Mons. Gherardini] sobre el Concilio. Lo que sea que piense sobre el Concilio, dije, tengo siempre una imagen en mi mente: un envejecido Cardenal Alfredo Ottaviani, ahora ciego, de alrededor de 80 años, cojeando, la cabeza del Santo Oficio también el jefe principal de la doctrina de la Iglesia, nació en Trastevere de padres que tuvieron muchos hijos, un Romano de Roma, del pueblo de Roma, toma el micrófono para hablar a los 2.000 obispos reunidos. Y, mientras habla, suplicando a los obispos que consideren los textos que la curia se ha pasado preparando por tres años, de repente apagaron su micrófono. Él siguió hablando, pero nadie podía escuchar ni una palabra. Entonces, perplejo y nervioso, dejó de hablar, confundido. Y los padres en la asamblea comenzaron a reír, y luego a aclamar…

 

 “Sí”, dijo Gherardini. “Y fue apenas el tercer día”.

“¿Qué?”, dije.

“Apagaron el micrófono de Ottaviani en el tercer día del Concilio”.

“¿En el tercer día?” dije. “No sabía eso. Creí que fue después, en Noviembre, después de que el grupo progresista se había vuelto más organizado…”

“No, fue en el tercer día, 13 de Octubre de 1962. El Concilio comenzó el 11 de Octubre”.

“¿Sabe quién apagó el micrófono?

“Sí”, dijo. “Fue el Cardenal Liénart de Lille, Francia”

“Pero entonces”, dije, “Casi se podría argumentar, tal vez, que semejante violación del protocolo, haciendo imposible para Ottaviani el exponer sus argumentos, de alguna manera hace de lo que vino después, bueno, en cierto sentido, indebido…”

“Algunas personas argumentan esto”, Gherardini replicó.

Como puede verse a partir de esta descripción de esta lucha del prelado, el Cardenal Ottaviani hizo todo lo que pudo para defender la tradición doctrinal católica. A continuación, presentaremos por lo tanto su carta de 1966 de manera íntegra para la reflexión cuidadosa de nuestros lectores concernientes a las cuestiones que Ottaviani presentó como especialmente pertinentes y también peligrosas.


 

SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

CARTA A LOS PRESIDENTES DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES SOBRE LOS ABUSOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS DECRETOS DEL CONCILIO VATICANO II

 

[FUENTE ORIGINAL EN ESPAÑOL:

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19660724_epistula_sp.html]

Una vez que el Concilio Vaticano II, recientemente concluido, ha promulgado documentos muy valiosos, tanto en los aspectos doctrinales como en los disciplinares, para promover de manera más eficaz la vida de la Iglesia, el pueblo de Dios tiene la grave obligación de esforzarse para llevar a la práctica todo lo que, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha sido solemnemente propuesto o decidido en aquella amplísima asamblea de Obispos presidida por el Sumo Pontífice.

A la jerarquía, sin embargo, corresponde el derecho y el deber de vigilar, de dirigir y promover el movimiento de renovación iniciado por el Concilio, de manera que los documentos y decretos del mismo Concilio sean rectamente interpretados y se lleven a la práctica según la importancia de cada uno de ellos y manteniendo su intención. Esta doctrina debe ser defendida por los Obispos, que bajo Pedro, como cabeza, tienen la misión de enseñar de manera autorizada. De hecho, muchos pastores ya han comenzado a explicar loablemente la enseñanza del Concilio.

Sin embargo, hay que lamentar que de diversas partes han llegado noticias desagradables acerca de abusos cometidos en la interpretación de la doctrina del Concilio, así como de opiniones extrañas y atrevidas, que aparecen aquí y allá, y que perturban no poco el espíritu de muchos fieles. Hay que alabar los esfuerzos y las iniciativas para investigar más profundamente la verdad, distinguiendo adecuadamente entre lo que debe ser creído y lo que es opinable; sin embargo, a partir de documentos examinados por esta Sagrada Congregación, consta que en no pocas sentencias parece que se han traspasado los límites de una simple opinión o hipótesis y en cierto modo ha quedado afectado el dogma y los fundamentos de la fe.

Es preciso señalar algunas de estas sentencias y errores, a modo de ejemplo, tal como consta por los informes de los expertos así como por diversas publicaciones.

  1. Ante todo está la misma Revelación sagrada: hay algunos que recurren a la Escritura dejando de lado voluntariamente la Tradición, y además reducen el ámbito y la fuerza de la inspiración y la inerrancia, y no piensan de manera correcta acerca del valor histórico de los textos.
  2. Por lo que se refiere a la doctrina de la fe, se dice que las fórmulas dogmáticas están sometidas a una evolución histórica, hasta el punto que el sentido objetivo de las mismas sufre un cambio.
  3. El Magisterio ordinario de la Iglesia, sobre todo el del Romano Pontífice, a veces hasta tal punto se olvida y desprecia, que prácticamente se relega al ámbito de lo opinable.
  4. Algunos casi no reconocen la verdad objetiva, absoluta, firme e inmutable, y someten todo a cierto relativismo, y esto conforme a esa razón entenebrecida según la cual la verdad sigue necesariamente el ritmo de la evolución de la conciencia y de la historia.
  5. La misma adorable Persona de nuestro Señor Jesucristo se ve afectada, pues al abordar la cristología se emplean tales conceptos de naturaleza y de persona, que difícilmente pueden ser compatibles con las definiciones dogmáticas. Además serpentea un humanismo cristológico para el que Cristo se reduce a la condición de un simple hombre, que adquirió poco a poco conciencia de su filiación divina. Su concepción virginal, los milagros y la misma Resurrección se conceden verbalmente, pero en realidad quedan reducidos al mero orden natural.
  6. Asimismo, en el tratado teológico de los sacramentos, algunos elementos o son ignorados o no son considerados de manera suficiente, sobre todo en lo referente a la Santísima Eucaristía. Acerca de la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino no faltan los que tratan la cuestión favoreciendo un simbolismo exagerado, como si el pan y el vino no se convirtieran por la transustanciación en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, sino meramente pasaran a significar otra cosa. Hay también quienes, respecto a la Misa, insisten más de la cuenta en el concepto de banquete (ágape), antes que en la idea de Sacrificio.
  7. Algunos prefieren explicar el sacramento de la Penitencia como el medio de reconciliación con la Iglesia, sin expresar de manera suficiente la reconciliación con el mismo Dios ofendido. Pretenden que para celebrar este sacramento no es necesaria la confesión personal de los pecados, sino que sólo procuran expresar la función social de reconciliación con la Iglesia.
  8. No faltan quienes desprecian la doctrina del Concilio de Trento sobre el pecado original, o la explican de tal manera que la culpa original de Adán y la transmisión del pecado al menos quedan oscurecidas.
  9. Tampoco son menores los errores en el ámbito de la teología moral. No pocos se atreven a rechazar la razón objetiva de la moralidad; otros no aceptan la ley natural, sino que afirman la legitimidad de la denominada moral de situación. Se propagan opiniones perniciosas acerca de la moralidad y la responsabilidad en materia sexual y matrimonial.
  10. A todo esto hay que añadir alguna cuestión sobre el ecumenismo. La Sede Apostólica alaba a aquellos que, conforme al espíritu del decreto conciliar sobre el ecumenismo, promueven iniciativas para fomentar la caridad con los hermanos separados, y atraerlos a la unidad de la Iglesia, pero lamenta que algunos interpreten a su modo el decreto conciliar, y se empeñen en una acción ecuménica que, opuesta a la verdad de la fe y a la unidad de la Iglesia, favorece un peligroso irenismo e indiferentismo, que es completamente ajeno a la mente del Concilio.

Este tipo de errores y peligros, que van esparciendo aquí y allá, se muestran como en un sumario o síntesis recogida en esta carta a los Ordinarios del lugar, para que cada uno, conforme a su misión y obligación, trate de solucionarlos o prevenirlos.

Este Sagrado Dicasterio ruega insistentemente que los mismos Ordinarios de lugar, reunidos en las Conferencias Episcopales, traten de estas cuestiones y refieran oportunamente a la Santa Sede sus determinaciones antes de la fiesta de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo del presente año. Esta carta, que evidentes motivos de prudencia impiden hacer pública, los Ordinarios y otros a los que éstos consideren oportuno comunicarla, deben mantenerla en estricto secreto.

Roma, 24 de julio de 1966.

Alfredo Card. Ottaviani

 


 

Apenas un año después de la publicación en 1966 de esta carta de Ottaviani – a mediados de Julio de 1967 – el papa Paulo VI sigilosamente retiró – y en efecto canceló y abolió – el Juramento antimodernista, que había sido establecido en principio por el Papa San Pío X.

 

[Traducción de Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

Portada: OnePeterFive

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