Jesús, quien te ama tanto, advirtió con frecuencia sobre el Infierno

Por Mons. Charles Pope.

 

Hoy en día muchas personas ponen al Infierno en oposición al amor de Dios, pero Jesús los combina. Aquí está una importante verdad: Nadie te ama más que Jesucristo, sin embargo nadie enseña o habla del Infierno y del Juicio más de lo que él lo hizo. Dio advertencia sobre advertencia y dijo parábola tras parábola, prácticamente gritando sobe el Juicio y la realidad del Infierno.

Ninguna “herejía” está más esparcida o es más perniciosa en nuestros días que la negación del Infierno, su existencia y su triste frecuencia. Utilizo citas alrededor del mundo sólo porque, como un simple sacerdote, no tengo el poder para declarar herejía formal. No obstante, la “herejía” en un sentido más amplio y más descriptivo significa simplemente elegir y tomar entre la verdad revelada. Confrontado con verdades que están en cierta tensión (tales como la justicia de Dios vs Su misericordia, o la libertad humana vs la soberanía de Dios), el “hereje” elige una verdad y desecha la otra a fin de resolver la tensión. La Ortodoxia dice “ambas” excepto la “herejía” toma una y descarta la otra.

Respecto a la enseñanza sobre el Infierno y el Juicio, el “hereje” no puede reconciliar el amor y la misericordia de Dios con la realidad del Infierno y la separación de éste con Dios.

Sin embargo, el Señor del amor, Jesús, habló de estos más que cualquiera. El problema está en nosotros, no en Jesús y no en el Padre.

Simplemente nos negamos a obedecer lo que ha sido enseñado y a aceptarlo porque tenemos libre albedrío, las decisiones que tomamos en última instancia son importantes. Hemos sido hechizados por el final de cuento de hadas de que todos “vivieron felices por siempre”. Negamos que la suma de nuestras decisiones constituyen nuestro carácter, y que nuestro carácter marca nuestro destino. Rechazamos tomar la responsabilidad del hecho de que tomamos decisiones que se acumulan con el tiempo y a las que nunca podremos renunciar. En cambio, culpamos a Dios y lo llamamos malo, a Él que envió a Su propio Hijo para salvarnos; decimos que Él es responsable de que vayamos, ya sea al Infierno o no.

Mientras tanto Dios suplica, “Vengan a mí. ¡Vengan a mí antes de que finalmente sea hora de levantarme y cerrar la puerta!”

En resumen: o bien Dios es amor y somos libres de elegirlo o no en nuestro propio acto de amor, o Dios es un capataz y no importa qué hagamos para ir a Su Cielo y vivir con Él para siempre. En otras palabras, libertad significa elección, y la elección nos permite decir “no” a Dios. Por lo tanto, hay Infierno.

Debemos ser muy sobrios respecto a esto; Jesús ciertamente lo fue. Él advirtió y advirtió y advirtió; Él suplicó y suplicó y suplicó. Él sabe de qué estamos hechos; Él sabe lo obstinados y rígidos que somos, no nos gusta que se nos diga qué hacer. Sí, tristemente Jesús observó que muchos – de hecho “la mayoría” – prefiere el Infierno que servir en el Cielo (cf Mat. 7, 13 inter al)[1].

Debemos superar nuestra soberbia presunción de que la salvación es un trato hecho y escuchar la súplica de nuestro Mesías y Señor, Jesús. Debemos permitirle advertirnos con amor, debemos permitirle encendernos en un santo, e incluso servil, temor a fin de mesurarnos y conducirnos a tomar en serio el trabajo necesario para salvarnos.

En atención a esta súplica, quisiera presentar una recolección de “textos de advertencia” a manera de antídoto contra esta “herejía” de los tiempos modernos. Noten que estos son sólo algunos de los pasajes que pude haber utilizado. Por favor siéntanse libre de emplear la sección de comentarios para agregar más a mi lista. Publicaré una versión final una vez que haya terminado de recolectar cualquier contribución. Así como espero que esta compilación habrá de mostrarlo, aquellos que niegan el Infierno o su posibilidad, tendrán que rechazar un gran número de textos bíblicos para lograrlo.

Tomemos conciencia de esta verdad básica: Nadie te ama más que Jesús, sin embargo nadie advirtió tanto sobre el Juicio y el Infierno más de lo que Él lo hizo, nadie. Permite que el Señor permee estas ideas en tu mente. Suave y tiernamente Jesús está llamando, llamando, ¡Oh pecador, vuelve a casa! No caigan en la “herejía” moderna de la salvación universal. Jesús no enseñó esto; tampoco los Apóstoles, sus sucesores en ministerio y voceros designados. No traten de sobre interpretar o corregir a Jesús. Sólo acepten lo que Él enseñó y escuchen con amor y con fe. El Infierno es real. Necesitamos un salvador, pero Él necesita nuestro “Sí”.

A continuación entonces, hay muchos textos que advierten del Infierno; la mayoría de ellos son de propia boca de Jesús.

 

Textos sobre el Infierno y el Juicio

Los primeros dos pasajes son del Antiguo Testamento, y ejemplifican la tradición profética en la que Jesús se basará.

 

Infierno

 

Isaías 35, 8. Y habrá allí camino ancho, que llamar la vía santa; nada impuro pasará por ella. El mismo guiará al caminante y los simples no se descarriarán.

Isaías 66, 24. Y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí, cuyo gusano nunca morirá y cuyo fuego no se apagará, que serán objeto de horror para toda carne.

Mateo 3, 12. Tiene ya el bieldo en su mano, y limpiará su era y recogerá su trigo en el granero, pero quemara la paja en fuego inextinguible. Juan el Bautista habla aquí.

Mateo 5, 22. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será de juicio; el que le dijere raca será reo ante el Sanedrín y el que le dijere loco será reo de la gehenna del fuego. Incluso la ira injusta, sin arrepentimiento, puede acarrear el Infierno. Tendemos a menospreciar nuestra ira; Dios no. Él nos advierte que no podemos engancharnos a ella y todavía caminar al Cielo.

Mateo 5,29. Si pues, tu ojo derecho te escandaliza, sácatelo y arrójalos de ti, porque mejor te es que perezca uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Menospreciamos el pecado, pero el Señor no. Él no dice que debamos automutilarnos, sino que es más grave pecar que perder nuestro ojo, pie o mano. Nosotros no pensamos de esta manera, pero Dios sí. Él nos advierte que nuestro problema más grave no es nuestra salud física o nuestras finanzas, o cualquier otro problema pasajero; nuestro más serio problema es nuestro pecado.

Mateo 6, 14-15. Porque si vosotros perdonáis a otros sus faltas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres las faltas suyas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados. Esta es una advertencia bastante clara de que debemos permitir a Dios darnos el regalo de la misericordia y el perdón o de lo contrario no podremos entrar al Cielo. Bienaventurados son los misericordiosos, pues sólo ellos obtendrán misericordia.

Mateo 7,13. Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran. ¿Entienden esto? Se pierden muchos más de los que se salvan. Este es un texto misterioso en términos de su demoledora calidad. ¿Por qué Dios permitiría esto? Pero es un texto cuyo significado es claro: la mayoría están perdidos. Escuchen la súplica de Jesús y sean sobrios acerca de lo obstinados y rígidos que podemos ser.

Mateo 10, 28. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, que al alma no pueden matarla; temed más bien a aquel que puede perder el alma y el cuerpo en la gehenna. Jesús habla acerca de sí mismo y nos hace un llamamiento a un santo temor.

Mateo 11, 23. Y tú, Cafarnaúm, ¿te levantarás hasta el cielo? Hasta el infierno serás precipitada. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros hechos en ti, hasta hoy subsistiría. No creas esto solo porque eres un miembro de “el club”, ya lo tienes hecho, estás adentro. De hecho, a quienes más han escuchado y visto, más se les pedirá, no menos.

Mateo 12, 36. Y yo os digo que de toda palabra ociosa que hablaren los hombres habrán de dar cuenta el día del juicio. Sí, tendremos que dar cuenta incluso de los chismes de los que nos hemos valido. ¡Señor, ten misericordia!

Mateo 13,24-30. Les propuso otra parábola, diciendo: Es semejante el reino de los cielos a uno que sembró en su campo semilla buena. Pero mientras su gente dormía, vino el enemigo y sembró cizaña entre el trigo y se fue. Cuando creció la hierba y dio fruto, entonces apareció la cizaña. Acercándose los criados al amo, le dijeron: Señor, ¿no has sembrado semilla buena en tu campo? ¿De dónde viene, pues, que haya cizaña?
Y él les contestó: Eso es obra de un enemigo. Dijéronle: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Y les dijo: No, no sea que, al querer arrancar la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad que ambos crezcan hasta la siega; y al tiempo de la siega diré a los segadores: Coged primero la cizaña y atadla en haces para quemarla, y al trigo recogedlo para encerrarlo en el granero.
Así que hay un día del juicio, no ahora, pero vendrá.

Mateo 22, 1-14 (Parábola del Banquete de Bodas). Tomó Jesús de nuevo la palabra y les habló en parábolas, diciendo:

El reino de los cielos es semejante a un rey que preparó el banquete de bodas a su hijo. Envió a sus criados a llamar a sus invitados a las bodas, pero éstos no quisieron venir. De nuevo envió a otros siervos, ordenándoles: Decid a los invitados: Mi comida está preparada; los becerros y cebones, muertos; todo está pronto; venid a las bodas.
Pero ellos, desdeñosos, se fueron, quien a su campo, quien a su negocio. Otros cogiendo a los siervos, los ultrajaron y les dieron muerte. El rey, montando en cólera, envió a sus ejércitos, hizo matar a aquellos asesinos y dio su ciudad a las llamas. Después dijo a sus siervos: El banquete está dispuesto, pero los invitados no eran dignos.
Id, pues, a las salidas de los caminos, y a cuantos encontréis llamadlos a las bodas. Salieron a los caminos los siervos y reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas quedo llena de convidados. Entrando el rey para ver a los que estaban en la mesa, vio allí a un hombre que no llevaba traje de boda, y le dijo: Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? El enmudeció. Entonces el rey dijo a sus ministros: atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.
 Se trata de la impactante parábola de un rey, quien al final, acepta el “no” de sus invitados. En cuanto a la vestimenta de boda, recuerda que ésta es provista por Dios (cf. Apocalipsis 19, 8)[2]. El rechazo a vestir las vestimentas de la rectitud está en nosotros, no en Dios.

Mateo 23,33. Serpientes, raza de víboras, ¿Cómo escaparéis  al juicio de la gehenna?

Mateo 24, 36-51 (El día y la hora desconocidos). De aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre. Porque como en los días de Noé, así será la aparición del Hijo del hombre. En los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca; y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrebató a todos. Así será a la venida del Hijo del hombre. Entonces estarán dos en el campo, uno será tomado y otro será dejado. Dos molerán en la muela, una será tomada y otra será dejada.

Velad, pues, porque no sabéis cuándo llegará vuestro señor. Pensad bien que si el padre de familia supiera en que vigilia vendría el ladrón, velaría y no permitiría horadar su casa. Por eso vosotros habéis de estar preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien constituyó su amo sobre la servidumbre para darles provisiones a su tiempo? Dichoso el siervo aquel a quien, al venir su amo, hallare que hace así. En verdad os digo que le pondrá sobre toda su hacienda. Pero si el mal siervo dijera para sus adentros: mi amo tardará, y comenzare a golpear a sus compañeros y a comer y beber con borrachos, vendrá el amo de ese siervo el día que menos lo espera y a hora que no sabe, y le hará azotar y le echará con los hipócritas; allí habrá llanto y crujir de dientes. ¡Cuidado con la presunción y con menospreciar el pecado!

Mateo 25, 1-13 (Parábola de las diez vírgenes). Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; las necias, al tomar las lámparas, no tomaron consigo aceite, mientras que las prudentes tomaron aceite en las alcuzas juntamente con sus lámparas. Como el esposo tardaba, se adormilaron y durmieron. A la media noche se oyó un clamoreo: Ahí está el esposo, salid a su encuentro. Se despertaron entonces todas las vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: Dadnos aceite del vuestro, porque se nos apagan las lámparas. Pero las prudentes respondieron: No, porque podría ser que no baste para nosotras y vosotras; id más bien a la tienda y compradlo. Pero mientras fueron a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban prontas entraron con él a las bodas y se cerró las puerta. Llegaron más tarde las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. Pero él respondió: En verdad os digo que no os conozco. Velad, pues que no sabéis el día ni la hora. ¡El Novio se retrasa, pero no por siempre!

Mateo 25, 26-30 (Parábola de los Talentos (conclusión)). Respondióle su amo: Siervo malo y haragán, ¿conque sabías que yo quiero cosechar donde no sembré y recoger donde no esparcí? Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, para que a mí vuelta recibiese lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez, porque al que tiene se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará, y a ese siervo inútil  echadle a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes. Habremos de rendir cuenta por lo que hemos hecho y por lo que hemos dejado de hacer con nuestros dones.

Mateo 25, 41-46 (Ovejas y cabras (conclusión)). Y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui peregrino, y no me alojasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces ellos responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o peregrino, o enfermo, o en prisión, y no te socorrimos? Él les contestará diciendo: En verdad os digo que cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeñuelos, conmigo dejasteis de hacerlo. E irán al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna. Recompensa o pérdida, tú decides.

Marcos 9, 42-48 (Causar escándalo). Y el que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen, mejor le sería que le echasen al cuello una muela asnal y le arrojasen al mar.
Si tu mano te escandaliza, córtatela; mejor te será entrar manco en la vida que con ambas manos ir a la gehenna, al fuego inextinguible, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga. Y si tu pie te escandaliza, córtatelo; mejor te es entrar en la vida cojo que con ambos pies ser arrojado en la gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga. Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo; mejor te es entrar tuerto en el reino de Dios que con ambos ojos ser arrojado en la gehenna, donde ni el gusano muere ni el fuego se apaga.
Aquellos que conducen a otros a pecar, tendrán que responder a Jesús por lo que han hecho. Ni siquiera lo duden. ¡Oren para que todos se arrepientan antes del día de rendir cuentas (día del Juicio)!

Lucas 8, 17. Pues nada hay oculto que no haya de descubrirse ni secreto que no haya de conocerse y salir a la luz. Mirad, pues, como escucháis, porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que le parece tener se le quitará. No puedes esconderte de Dios.

Lucas 12, 42-46 (El día y la hora desconocidos). El señor contestó: ¿Quién es, pues, el administrador fiel, prudente, a quien pondrá el amo sobre su servidumbre para distribuirle la ración de trigo a su tiempo? Dichoso ese siervo a quien el amo, al llegar, le hallare haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. Pero si ese siervo dijere en su corazón: Mi amo tarda en venir, y comenzase a golpear a siervos y siervas, a comer, y beber, y embriagarse, llegará el amo de ese siervo el día que menos lo espere y a la hora que no sabe, y le mandará azotar y le pondrá entre los infieles. Esta es una advertencia en contra de la presunción.

Lucas 13, 22-30. Recorría ciudades y aldeas, enseñando y siguiendo su camino hacia Jerusalén. Le dijo uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Él le dijo:
Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos serán los que busquen entrar y no podrán; una vez que el amo de casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: Señor, ábrenos, Él os responderá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas. El dirá: Os repito que no sé de dónde sois. Apartaos de mí todos, obradores de iniquidad. Allí habrá llanto y crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, a Isaac, y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera. Vendrán de oriente y de occidente, del septentrión y del mediodía, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios, y los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos.
  El Infierno y la exclusión son bastante reales. Jesús apunta a temer en esto. Algunos llaman “insano” al temor, pero Jesús desea usarlo si provocará arrepentimiento.

Lucas 16, 19-31 (Lázaro). Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos banquetes. Un pobre, de nombre Lázaro, que estaba echado en su portal, cubierto de úlceras, y deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico; hasta los perros venían a lamerle las úlceras. Sucedió, pues, que murió el pobre, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. En el infierno, en medio de los tormentos, levantó sus ojos y vio a Abraham desde lejos y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que, con la punta del dedo mojada en agua, refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Dijo Abraham: Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en vida y Lázaro recibió males, y ahora él es aquí consolado y tú eres atormentado. Además, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran atravesar de aquí a vosotros no pueden, ni tampoco pasar de ahí a nosotros. 

Y dijo: Te ruego, padre, que siquiera le envíes a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento. Y dijo Abraham: Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. Él dijo: No, padre Abraham; pero si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia. Y les dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se dejaran persuadir si un muerto resucita. Desprecio e indiferencia hacia los pobres es un pecado condenable. Noten, también, que el rico no cambia después de muerto. Está atado a sus comportamientos. No pide ir al Cielo; quiere que Lázaro vaya al Infierno. Incluso no reconoce la dignidad de Lázaro; aún lo ve como un chico errante. Después de muerto, el hombre rico es miserable, pero no puede y no podrá cambiar. Esta enseñanza en nuestro arraigado carácter después de la muerte explica por qué el Infierno es eterno: porque nunca cambiaremos.

Juan 12, 48-50. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene ya quien le juzgue; la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará en el último día, porque yo no he hablado de mí mismo; el Padre mismo que me ha enviado es quien me mandó lo que he de decir y hablar, y yo sé que su precepto es la vida eterna. Así, pues, las cosas que yo hablo, las hablo según el Padre me ha dicho. En efecto, nosotros mismos nos sometemos a juicio. Podríamos desear culpar a Dios, pero al final del día, mostramos a través de nuestra disposición que no estamos preparados para el cielo y que no se encontrarían felices ahí puesto que es la completa realización de muchas cosas que detestamos o de las que nos burlamos (ejemplo, amor por los pobres, perdonar a nuestros enemigos, castidad, adoración a Dios).

Apocalipsis 22, 12-16. He aquí que vengo presto, y conmigo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obras. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin. Bienaventurados los que lavan sus túnicas para tener derecho al árbol de la vida y a entrar por las puertas que dan acceso a la ciudad. Fuera perros, hechiceros, fornicarios, homicidas, idólatras y todos los que aman y practican la mentira. 

Yo, Jesús, envíe a un ángel para testificaros estas cosas sobre las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella brillante de la mañana. Aquí Jesús habla de los pecadores en términos vívidos como perros y cobardes. Pon atención: La versión “Mister Rogers”[3] no es el Jesús de la Escritura.

Jesús comisionó a los Apóstoles para predicar, enseñar, gobernar, y santificar en Su Nombre. Por lo tanto, al escucharles en los siguientes textos, escuchamos la voz de Jesús.

Hebreos 12, 14. Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá a Dios. Sólo aquellos abiertos a Dios haciéndose santos pueden soportar las luces brillantes del Reino de Dios.

Hebreos 13, 4. El matrimonio sea tenido por todos en honor; el lecho conyugal sea sin mancha, porque Dios ha de juzgar a los fornicarios y a los adúlteros. Pon atención, la era moderna, que ha despedazado el matrimonio en cada oportunidad.

Santiago 2, 12-13. Hablad y juzgad como quienes han de ser juzgados por la ley de la libertad. Porque sin misericordia será juzgado el que no hace misericordia. La misericordia aventaja al juicio. Ayúdanos a mostrar misericordia, Señor, con la medida que midamos a otros seremos medidos.

Romanos 2, 3-11. ¡Oh hombre! ¿Y piensas tú, que condenas a los que eso hacen, y con todo lo haces tú, que escaparás al juicio de Dios? ¿O es que desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y longanimidad, desconociendo que la bondad de Dios te trae a penitencia? Pues conforme a tu dureza y a la impenitencia de tu corazón, vas atesorándote ira para el día de la ira  y de la revelación del justo juicio de Dios, que dará a cada uno según sus obras; a los que con perseverancia en el bien obrar buscan la gloria, el honor y la incorrupción, la vida eterna; pero a los contumaces, rebeldes a la verdad, que obedecen a la injusticia, ira e indignación. Tribulación y angustia sobre todo el que hace el mal, primero sobre el judío, luego sobre el gentil; pero gloria, honor y paz para todo el que hace el bien, primero para el judío, luego para el gentil, pues en Dios no hay acepción de personas.  Somos juzgados por los hechos, no por prerrogativas o siendo “mejores” que alguien más.

1 Corintios 6, 9-10. ¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios. A pesar de que el mundo moderno le resta importancia a los pecados sexuales. Dios no lo hace. Él advierte que estos pecados nos hacen incapaces de soportar las brillantes luces del Cielo porque “preferimos la oscuridad” (cf. Juan 3, 18)[4]

1 Corintios 9, 26-27. Y yo corro no como a la aventura; así lucho, no como quien azota al aire, sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, habiendo sido heraldo para los otros, resulte yo descalificado. Si incluso Pablo pudo dares cuenta de que tenía que ser sobrio, ¿por qué nosotros no?

Filipenses 2, 12. Así, pues, amados míos, como siempre habéis obedecido, no sólo cuando estaba presente, sino mucho más ahora que estoy ausente, con temor y temblor trabajad por vuestra salud. Algunos llaman no saludable al temor, pero Dios está dispuesto a apelar a éste.

Gálatas 5, 19-21. Ahora bien: las obras de la carne son manifiestas, a saber: fornicación, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, disensiones, divisiones, envidias, homicidios, embriagueces, orgías y otras como estas, de las cuales os prevengo, como antes lo hice, que quienes tales cosas no heredarán el reino de Dios. No heredar el Cielo significa ir al Infierno.

Efesios 5, 3-7. Cuanto a la fornicación y cualquier género de impureza o avaricia, que ni siquiera pueda decirse que lo hay entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras torpes, ni groserías, ni truhanerías, que desdicen de vosotros, sino más bien acción de gracias. Pues habéis de saber que ningún fornicario, o impuro, o avaro, que es como adorador de ídolos, tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con palabras de mentira, pues por esto viene la cólera de Dios sobre los hijos de la rebeldía. No tengáis parte con ellos. Una vez más, Dios dice que el pecado de la carne nos excluye del Reino de Dios. Vamos al Infierno si morimos sin arrepentirnos, porque muestra que preferimos la oscuridad y que no podemos soportar la luz.

 

[Traducción de Dominus Est. Artículo original]

Citas en español tomadas de la Biblia versión Nácar Colunga.

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

REFERENCIAS:

[1] Mateo 7, 13. 13. Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran.

[2] Apocalipsis 19, 8. Y fuele otorgado vestirse de lino brillante, puro, pues el lino son las obras justas de los santos.

[3] Frederick “Fred” McFeely Rogers (Nueva York, 20 de marzo de 1928 – Milwaukee, 27 de febrero de 2003) fue un educador, ministro presbiteriano, compositor, autor y presentador de televisión estadounidense. Rogers es conocido por ser el creador y presentador del programa de televisión Mister Rogers’ Neighborhood (1968-2001).

[4] Juan 3, 18. El que no cree, ya está juzgado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

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