‘CELIBATO SACERDOTAL BAJO ATAQUE’ – ‘La ideología de género es luciferina’: Cardenal Sarah

Cómo es que llegamos a tanta locura, a una crisis de este tipo. Esto es porque hemos rechazado de manera abrumadora a Dios. Dios ya no tiene lugar en nuestra sociedad… El hombre ha tomado el lugar de Dios.

Hoy vivimos en la confusión y en un verdadero cambio de usos y costumbres. Hay un rechazo a aceptarse como criaturas de Dios… La ideología de género es, de hecho, una negativa luciferina a recibir de Dios una naturaleza sexual.

 

Por el Cardenal Robert Sarah. Dominus Est. 19 de noviembre de 2019.

 

El propio sacerdocio ha entrado en una crisis sin precedente, única en la historia de la Iglesia. El celibato sacerdotal es considerado como una realidad deshumanizada, imposible, una imposición cruel de la cual es necesario liberarse. No creo que en el pasado hayamos visto cosas así de fuertes y horribles como las dirigidas actualmente contra cardenales, obispos, sacerdotes a veces incluso condenados a penas de prisión. Ciertamente el clero no siempre ha sido ejemplar en su conducta. Pero aquello que viene orquestado de modo maquiavélico y lo que es real, hoy respecto al clero, es sin precedentes y doloroso. En la historia del mundo de los pueblos, no parece que haya existido alguna civilización o pueblo que haya legalizado el aborto, la eutanasia o demolido la familia y roto el matrimonio en esta medida, tal como hoy hace el Occidente. Sin embargo, estos son aspectos esenciales de la vida humana. El mundo moderno está en una crisis que amenaza mortalmente su futuro y la supervivencia de la humanidad.

 

Vídeo completo de la Conferencia Magistral del Cardenal R. Sarah a los lectores de la Nuova Bussola Quotidiana:

[En el minuto 1:05:23, preguntas al Cardenal Sarah sobre el celibato sacerdotal y el valor del sacerdocio. En italiano]

 

Naturalmente, no  debemos ignorar los acontecimientos extraordinarios de Occidente en términos de ciencia y tecnología. De hecho es evidente que el mundo moderno presenta una intensidad extraordinaria de vida intelectual con un progreso maravilloso y prodigioso de todas las ciencias, el desarrollo extraordinario de las Letras y las Artes, el fantástico progreso de una multitud de técnicas que cada vez dan más recursos al servicio del hombre sobre toda la superficie del planeta, el desarrollo notable de las relaciones humanas o contactos gracias a tecnologías prodigiosas y medios de comunicación social verdaderamente excepcionales. Aun si los hombre pueden usar todo este progreso para hacer el mal, difundir mentiras, incitar a la disolución moral y a la violencia, provocar guerras y destruirse el uno al otro, sería absurdo negar que, en sí, estos medios tecnológicos son positivos y son un verdadero progreso. Debemos notar también una proliferación sin precedente de las corrientes de pensamiento y de las ideologías más diversas.

No obstante todos estos aspectos positivos y estos éxitos científicos y tecnológicos inmensos, no podemos negar honestamente el déficit crónico de la tasa de natalidad sobre todo en Occidente, la demolición programada de los cimientos de la familia y del matrimonio, los vicios contra natura, los actos de pederastia o abuso de menores, los actos homosexuales y los horrores de la pornografía que profanan  y degradan el cuerpo masculino y femenino. Todo eso manifiesta una profunda crisis antropológica.

La ideología de género exacerba la crisis antropológica.  Esta ideología sugiere que cada uno pueda crearse por sí mismo, hasta el género sexual, a escoger ser un hombre o una mujer o una persona neutra. La ideología de género de alguna manera se ve superada cuando se habla ahora de androginia y de personas “sin género” entre otras categorías que se multiplican en el duscurso contemporáneo. Así podremos ser todo o nada según los estados de ánimo interior de cada uno y enmascarando nuestro cuerpo jugando con la diferencia sexual. Una manera de remover al hombre de los límites de su condición humana, mientras todos que todos debemos aceptarnos en nuestro cuerpo como un hombre o una mujer. Nos entregamos a nosotros mismos, en lugar de creer que nos damos a nosotros mismos. He ahí porqué un hombre no se convierte nunca en una mujer, y porqué una mujer no se convertirá nunca en un hombre, a menos que se mienta a sí mismo y juegue con las apariencias.

 

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Cómo es que llegamos a tanta locura, a una crisis de este tipo. Esto es porque hemos rechazado de manera abrumadora a Dios. Dios ya no tiene lugar en nuestra sociedad. El único lugar en el que se le tolera ha sido puesto bajo “arresto domiciliario” y en el dominio privado. El hombre ha tomado el lugar de Dios.

 

El hombre, emite nuevas leyes en total oposición a las leyes de Dios y las de la naturaleza. Los hombres occidentales creen y permiten a los hombres “casarse” legalmente el uno con el otro, y las mujeres también entre ellas, y a estas parejas del mismo sexo poder adoptar niños, revolviendo radicalmente y ofuscando todo el sistema de filiación y parentesco. Si bien uno tiene la impresión de que hay una lucha por la represión o la abolición de la pena de muerte, al mismo tiempo el asesinato de los niños no nacidos se ha vuelto legal. El aborto se ha convertido incluso en un “derecho” para las mujeres. Los ancianos y los enfermos pueden recibir la eutanasia legalmente en algunos países europeos. Mientras luchamos en todas partes contra la mutilación genital, una práctica inhumana difundida en algunos países, estamos legalizando conjuntamente la mutilación de personas que quieren cambiar de sexo en Occidente. Hoy vivimos en la confusión y en un verdadero cambio de usos y costumbres. Hay un rechazo a aceptarse como criaturas de Dios.

 

EL RECHAZO DE LA PATERNIDAD

El colapso espiritual, la confusión en la enseñanza doctrinal y moral de la Iglesia y la erosión de la fe cristiana tienen por lo tanto características puramente occidentales. Quisiera subrayar en particular el rechazo de la paternidad. Hemos convencido a nuestros contemporáneos de que, para ser libres, no debemos depender de nadie. Esto es un error trágico. Los occidentales están convencidos de que recibir es contrario a la dignidad de la persona humana. Sin embargo, el hombre civilizado es fundamentalmente heredero; recibe una historia, una cultura, una lengua, una religión, una fe, un nombre, una familia, una tradición, una patria, etc. Es esto lo que lo distingue del bárbaro. Negarse a adherirse a una red de dependencias, herencia y parentesco nos condena a entrar en la jungla de la competencia desde una economía dejada a sí misma.

Dado que se niega a aceptarse a sí mismo como heredero, el hombre se condena al infierno de la globalización liberal, sin parámetros morales o éticos, donde los intereses individuales colisionan sin ninguna otra ley que la del beneficio a toda costa.

 

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En mi libro, “Se hace tarde y anochece”, quiero hacer un recordatorio a los occidentales de que la verdadera razón de este rechazo de heredar, de este rechazo de la paternidad, es fundamentalmente el rechazo de Dios, el rechazo de Dios en las sociedades occidentales. Recibimos de Él nuestra naturaleza de hombre y de mujer. “Y creó Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). Esto, sin embargo, se vuelve insoportable para las mentes modernas. La ideología de género es, de hecho, una negativa luciferina a recibir de Dios una naturaleza sexual.

Así algunos, en Occidente, se rebelan contra Dios y se oponen a su Creador y Padre con la cabeza en alto, y se mutilan horrible pero inútilmente para cambiarse de sexo. Pero fundamentalmente no cambian su estructura como hombre y como mujer. El Occidente se niega a recibir; acepta sólo lo que construye por sí mismo.

 

Cardenal Robert Sarah

 

Traducción por Dominus Est. Nuova Bussola Quotidiana.

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

 

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