“Alto a las redes homosexuales en la Iglesia Católica”: Mons. A. Schneider

“Alto a las redes homosexuales en la Iglesia Católica”: Un apoyo a una iniciativa loable de los fieles laicos.

 

Por el Obispo Athanasius Schneider. 7 de febrero de 2019.

 

La Iglesia en nuestros días está siendo testigo del abominable problema de abusos sexuales de menores por parte del clero, adultos subordinados y vulnerables de una magnitud sin precedentes. Estos abusos han sido perpetrados por sacerdotes, obispo e incluso cardenales. Por supuesto, los medios oligárquicos anticristianos han explotado a nivel mundial – demagógicamente e hipócritamente – esta vergonzosa situación dentro de la Iglesia Católica, llevándola fuera de proporción.

No obstante, la Iglesia debe tomar este asunto seriamente en extremo, ya que aún el mínimo caso de abuso sexual de un niño, de un adolescente o de un seminarista es demasiado, es una crueldad indescriptible, que clama al cielo. Está demostrado por hechos probados que la abrumadora mayoría de los casos de abuso sexual son de naturaleza homosexual. La causa predominante de los abusos sexuales por parte del clero se trata consecuentemente e innegablemente del vicio homosexual o sodomita.

Por parte de las autoridades de la Santa Sede y de la mayor parte de la jerarquía, hay sorprendentemente un extraño silencio sobre el papel predominante que desempeña el vicio homosexual en los abusos sexuales de menores, adolescente y seminaristas por parte del clero. La próxima Cumbre en el Vaticano sobre abusos sexuales en la Iglesia tiene que dirigirse no sólo a los niños, sino también a los adolescentes, seminaristas y adultos vulnerables.

La raíz más profunda de la crisis de abusos es, por supuesto, el relativismo moral y la falta de creencia en la validez perenne del Sexto Mandamiento del Decálogo, y de la maldad intrínseca de cada acto sexual fuera del matrimonio válido. Conectado de manera causal con el relativismo moral y la falta de creencia en el Sexto Mandamiento, está el vicio homosexual entre el clero. La actual crisis de abusos sexuales en la Iglesia ha sacado a la superficie el hecho de la existencia de redes homosexuales reales en la Iglesia.

Si la próxima Cumbre en el Vaticano sobre los abusos sexuales en la Iglesia no aborda el problema del relativismo moral y la no creencia en la validez perenne del Sexto Mandamiento del Decálogo como la causa más profunda de los abusos sexuales, y si no señala el papel predominante del comportamiento homosexual en los casos de abuso sexual en la Iglesia, la Cumbre dará una respuesta muy irresponsable y estará condenada al fracaso desde el principio, manifestando así también una peculiar forma de clericalismo.

La salud espiritual de la Iglesia, y particularmente el alto nivel moral y la vida santa del clero, es una preocupación que afecta a todos los miembros de la Iglesia, y especialmente a los fieles laicos. Según una antigua tradición de la Iglesia, previo a la ordenación sacerdotal, a los laicos se les pedía su opinión respecto a la dignidad del candidato. El obispo ordenante daba la siguiente razón: “Dado que el capitán de un barco como sus pasajeros por igual tienen razón para sentirse a salvo o más en el peligro en un viaje, deben ser de una misma manera de pensar en sus intereses comunes. No sin razón, entonces, los padres han decretado que las personas también deben ser consultadas en la elección de aquellos que han de ser elevados al ministerio del altar”.

De un tiempo para acá, ha sido lanzada una iniciativa de petición muy oportuna con el nombre “Alto a las redes homosexuales en la Iglesia Católica”. La petición cuenta con amplio apoyo en todo el mundo católico y es apoyada en conjunto por la organización “Pro Ecclesia” (Suiza) y por LifeSiteNews. Hasta ahora la petición ha alcanzado cerca de 6.000 firmas.

 

[Firme la Petición “Alto a los abusos sexuales en la Iglesia”, aquí.]

 

La petición solicitó acertadamente a las autoridades de la Santa Sede que emitiera normas vinculantes y eficaces a fin de limpiar la Iglesia de las redes homosexuales de clérigos. Es indispensable proteger el estado sagrado del Sacerdocio católico, de personas con inclinaciones homosexuales. Incluso si éstos prometen vivir castamente, su tendencia homosexual constituye en sí misma una personalidad e identidad desordenadas, y todo desorden psicológico hace inadecuado para el sacerdocio a un candidato.

No se puede estar más que complacido y agradecido por la meritoria iniciativa de los laicos para detener la homosexualidad en las filas del clero. El Papa Juan Pablo II afirmó repetidamente que, según el Concilio Vaticano II, el momento de los fieles realmente ha golpeado en nuestro tiempo y que la jerarquía tiene que aceptar con agradecimiento el consejo y las preocupaciones de los fieles laicos.

La presente iniciativa de petición refleja y renueva en nuestros días hasta cierto punto los ardientes llamamientos, que Santa Catalina de siena y Santa Brígida de Suecia hicieron por la renovación moral del clero en su tiempo.

 

Santa Catalina de Siena escribió una cata al Papa Gregorio XI en 1376:

“Usted está a cargo del jardín de la Santa Iglesia. Para que, en primer lugar, arrancara de ese jardín, las malas hierbas apestosas llenas de impureza y avaricia, e henchido de orgullo. Me refiero a los pastores y administradores malvados que envenenan y corrompen el jardín. Haga uso de su autoridad, ¡usted está a cargo de nosotros! ¡Arranque estas semilla y arrójelas fuera donde no tendrán nada qué administrar! Dígales que se inclinen a administrarse a sí mismo una buena y santa vida. Plante flores fragantes en este jardín para nosotros, pastores y administradores que serán verdaderos siervos de Jesucristo crucificado, quienes buscarán sólo el honor de Dios y la salvación de almas, quienes serán padres para los pobres”.

 

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Este llamamiento de la santa y doctora de la Iglesia debe alcanzar en primer lugar los oídos de Nuestro Santo Padre Francisco y de todos los participantes en la Cumbre sobre abusos sexuales en la Iglesia.

 

Nuestro Señor habló a Santa Brígida de Suecia acerca del clero inmoral con estas palabras:

“Así, estos hombres [el clero inmoral] esconden su pecado y su maldad de corazón como en el suelo, y se vuelven tan arraigados en la maldad que ni siquiera se avergüenzan de mostrarse en público y alardear de su pecado. Por ellos, otras personas no sólo hallan ocasión de pecar sino que quedan seriamente dañadas en su alma, pensando para sus adentros: ‘Si los sacerdotes hacen esto, más lícito será que lo hagamos nosotros’. Ocurre, así, que no sólo se parecen a la fruta del bierzo sino también a sus espinas, en el sentido de que éstos desdeñan ser movidos por la corrección y la advertencia. Piensan que no hay nadie más sabio que ellos y que pueden hacer lo que les parezca. Por lo tanto, juro por mis naturalezas divina y humana, en la audiencia de todos los ángeles, que atravesaré la puerta que ellos han cerrado de mi voluntad. Mi voluntad se cumplirá y la suya será aniquilada y encerrada en un castigo sin fin. Entonces, como se dijo antiguamente, mi juicio comenzará con mi clero y desde mi propio altar”. (Revelaciones Celestiales de Santa Brígida de Suecia, Libro I, Cap. 48)

 

Dios conceda que, la voz de tantos católico, que han firmado y firmarán la Petición de “Alto a las redes homosexuales en la Iglesia Católica”, sean escuchadas no solo por el Pastor Supremo de la Iglesia y por todos los participantes de la Cumbre sobre abusos sexuales en la Iglesia, sino que sus sugerencias necesarias y oportunas tengan la posibilidad de ponerse en práctica.

La mayoría de los formantes de la Petición no pertenecen a aquellos laicos que tienen un puesto en la burocracia eclesiástica, ni tampoco tienen poder de decisión en las estructuras de administración en la vida de la Iglesia. Sus voces provienen en realidad de la periferia eclesiástica.

Sería una manifestación de verdadero clericalismo si estas preocupaciones de los pequeños en la Iglesia no fueran tomadas en serio. Aquellos fieles son auténticos benefactores y amantes del clero, quienes no solamente rezan por sus pastores sino que con urgencia también piden a las autoridades de la Iglesia – como hacen los firmantes de la Petición – que les den sacerdotes y obispos castos, creyentes y con celo. Entonces, nuestros niños, nuestros adolescentes, nuestros seminaristas y nuestros adultos vulnerables vivirán una vida cristiana más protegida y más serena al interior de la Iglesia.

 

5 de febrero de 2019

 

+ Athanasius Schneider,

Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana

 

[Traducción de Dominus Est. Publicación original]

*permitida su reproducción mencionando a dominusestblog.wordpress.com

 

 

[Firme la Petición “Alto a los abusos sexuales en la Iglesia”, aquí.]

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