¿Debería un Sacerdote introducir el ‘Usus Antiquior’ a una Congregación que no lo pide?

Por PETER KWASNIEWSKI. New Liturgical Movement. 29 de enero de 2019.

 

Comencemos con el punto más obvio, que sin embargo aún debe ser dicho. Según Summorum Pontificum, si los mismos fieles solicitan la Misa Tradicional en Latín, el pastor debe proveerla para ellos, o al menos hacer arreglos para que otro sacerdote la proporcione. No se le permite simplemente decir que no. Podría decir “Sí, pero primero tengo que aprender a celebrarla” (y luego los fieles, ya preparados, le dirán que cubrirán todos sus gastos); o, “sí, pero en esta difícil coyuntura – la nueva escuela primaria, el ministerio de los presos, la residencia para ancianos y la reciente muerte del vicario – no estaré en posibilidad de aprender, así que preguntaré por ahí y trataré de conseguir que comience una misa para ustedes el próximo mes”. Y, por supuesto, el pastor siempre responderá con una sonrisa y gratitud por la devoción de sus fieles a las ricas tradiciones de la Iglesia Católica.

 

Pero ¿qué pasa con una situación en la que las personas están básicamente conformes con lo que tienen? Están acostumbrados a la “Forma Ordinaria” y no conocen nada más; no están pidiendo nada más. Digamos incluso, por el bien del argumento, que la parroquia está en el extremo superior de la escala de Ratzinger y ya está poniendo en práctica los ideales de la “RdR” [Reforma de la Reforma], como ad orientem, el uso del canto gregoriano en latín, música sacra fina, hermosas vestimentas, arrodillarse para la santa comunión, etc. ¿Puede “desearse” algo más en una comunidad así? ¿Hay alguna razón para que el pastor mismo introduzca el Usus Antiquior?

 

Sí. Hay dos razones básicas para hacerlo.

 

Primero, para el propio beneficio del sacerdote. En un artículo publicado en el Catholic World Report, “Encontrando lo que nunca debió haberse perdido: Sacerdotes y la Forma Extraordinaria” (uno de los muchos artículos de este tipo ahora en línea), nos encontramos con testimonios de sacerdotes sobre el efecto que ha tenido sobre ellos el celebrar el Usus Antiquior [la forma tradicional del rito romano], y por qué les resulta tan conmovedor.

 

Un sacerdote dice:

“Tiene una calidad mística, contemplativa y mística, con su empleo del latín, los gestos, la posición del altar y las oraciones, que son más ornamentadas que las que tenemos hoy”.

 

Otro sacerdote señala:

“Fui católico de toda la vida, y nunca había vivido la misa de esa manera. No me imaginaba que semejante misa existiera. Quedé cautivado por ella. Cuando celebro la misa, tiene menos que ver conmigo, el sacerdote, y tiene más que ver con Dios”.

 

Un tercer sacerdote dice:

“La misa tridentina me ha cambiado. Me gusta su reverencia, y me ha ayudado a ver la misa como un sacrificio, y no solo como un memorial”.

 

Todos los sacerdotes que conozco que ofrecen la tradicional misa en latín – y he hablado con cientos a lo largo de los años – experimentan de una manera poderosa, casi visceral, la maravilla del Santo Sacrificio de la Misa y del misterio del sacerdocio por cuenta de muchos elementos en la liturgia que, desafortunadamente, fueron eliminados en las reformas de la década de 1960: el humilde acercamiento al altar al inicio, que está colmado con la humildad y la piedad que corresponde a “ocuparse de los asuntos del Padre”; las muchas veces que el sacerdote debe hacer una reverencia o una genuflexión, las muchas veces que se besa el altar y se hace la señal de la cruz; la exquisita atención al detalle significativo en la postura, actitud y disposición de uno; las profundas oraciones del Ofertorio; la inmersión en el silencio durante el Canon, centrada de manera tan profundamente en el misterio por el cual la inmolación de Cristo se renueva en medio de nosotros; el cuidado que rodea todos los aspectos del manejo del Cuerpo y la Sangre del Señor, desde los dedos juntos según el canon, hasta las abluciones completas; el Placeat Tibi y el Último Evangelio, que traen a casa la magnitud de lo que ha tenido lugar: Nada menos que la Encarnación redentora que continúa en medio de nosotros. ¿Cómo podría esto no beneficiar enormemente a un sacerdote en su vida interior, y llevarlo más allá en el camino de su vocación y su santificación?

 

La segunda razón para que un sacerdote haga disponible el Usus Antiquior, incluso cuando su congregación no lo ha pedido, es para su beneficio espiritual. Uno de los sacerdotes entrevistados en el artículo mencionado señala que: “El noventa por ciento de los católicos de hoy no han tenido experiencia de la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II. No conocen de su arte, su arquitectura o su liturgia tradicionales”. Tal como Joseph Ratzinger lamentó en más de una ocasión, hubo una ruptura, si no en la teoría, sí de hecho. Los católicos estaban separados de las tradiciones de la Iglesia; de hecho, la adhesión a las tradiciones llegó a ser vista como una especie de infidelidad al Concilio Vaticano II y al nuevo espíritu que trajo, que se suponía que iba involucrar a la modernidad y soportar la cosecha de una nueva evangelización. Esto no parece haber ocurrido, o no con la plenitud que se había deseado y prometido. En todo caso, tendía a fomentar el escepticismo hacia todo lo preconciliar, y la tentación prometeica de reformar la Iglesia de acuerdo con las últimas modas y teorías.

 

Aunque lo peor de la “temporada tonta” puede haber terminado (al menos en la mayoría de los lugares), el Pueblo de Dios todavía sufre los efectos de esta desarraigo generalizado. ¿Qué mejor manera de enraizarlos nuevamente en los dos milenios del Catolicismo que, enriqueciéndolos con la forma de adoración que alimentó a los grandes santos de la Edad Media, el Renacimiento, el Barroco y todo el período Tridentino que se extendió durante cuatro y medio siglos? En las memorables palabras de la carta del Papa Benedicto XVI a los obispos, ‘Con grande fiducia’ [Con gran confianza]:

“Nos corresponde a todos conservar las riquezas que se han desarrollado en la fe y la oración de la Iglesia, y darles su valor conveniente”. [Leer aquí]

 

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Esto solo puede ser un “ganar” para los fieles en la parroquia, expandiéndolos en buenos modos. Esto desarrollará nuevos hábitos de oración meditativa y contemplativa; confirmará fuertemente el dogma de que la misa es un verdadero y propio sacrificio; intensificará su adoración a la Sacratísima Eucaristía y su veneración al ministerio sacerdotal (que no es una especie de clericalismo); abrirá sus mentes a un mundo más amplio de teología y cultura católica; y por último, pero no menos importante, apoyará el esfuerzo por celebrar el Novus Ordo de una manera más tradicional al mostrar de dónde proviene el paradigma ‘RdR’ [Reforma de la Reforma] – en otras palabras, el por qué hacemos ciertas cosas de esta manera y no de aquella otra.

 

Podemos concluir esta parte de nuestra exposición con las impactantes palabras del fallecido cardenal Darío Castrillón de Hoyos durante su gestión como presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei:

Permítanme decir esto claramente: el Santo Padre quiere que el uso antiguo de la Misa se convierta en un acontecimiento normal en la vida litúrgica de la Iglesia para que todos los fieles de Cristo – jóvenes y viejos – puedan familiarizarse con los ritos más antiguos y extraer de su belleza tangible y trascendencia. El Santo Padre quiere esto tanto por razones pastorales como por teológicas. (Londres, 14 de junio de 2008)

 

Cuando se le preguntó en una conferencia de prensa el mismo día, “¿Le gustaría al Papa ver muchas parroquias comunes haciendo provisiones para el Rito Gregoriano?”, Su Eminencia respondió:

Todas las parroquias. No muchas – todas las parroquias, porque esto es un don de Dios. Él ofrece estas riquezas, y es muy importante que las nuevas generaciones conozcan el pasado de la Iglesia. Este tipo de adoración es tan noble, tan hermosa – la forma más profunda de los teólogos de expresar nuestra fe. El culto, la música, la arquitectura, la pintura, hacen un todo que es un tesoro. El Santo Padre está dispuesto a ofrecer a todas las personas esta posibilidad, no solo para los pocos grupos que la demandan, sino para que todos conozcan esta forma de celebrar la Eucaristía en la Iglesia Católica.

 

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Un gran bien para todos los fieles

 

Consideraciones prácticas

 

Una pregunta que a menudo me hacen los fieles y el clero es: “¿Cómo se debe introducir la Forma Extraordinaria donde aún no existe?” Creo que lo que quieren decir es en gran parte práctico: ¿Cuándo? ¿Con qué frecuencia? y ¿con qué preparación o acompañamiento?

 

Mi consejo siempre ha sido hacerlo gradualmente: Comenzar en silencio (es decir, sin fanfarrias) programando una misa mensual; luego, una vez que se sabe que esta misa se celebra y hay alguna congregación para ella, ofrecer catequesis al resto de la parroquia en homilías, y una amable invitación. Después de que esto haya ido bien y se haya convertido en un hecho aceptado, la frecuencia puede aumentarse a una vez cada quince días o una vez a la semana. En este punto, el sacerdote llega a una encrucijada: Si juzga que la comunidad responderá favorablemente y que su cabeza no será entregada en una bandeja en la cancillería, podría celebrar el Usus Antiquior varias veces a la semana. He visto los horarios regulares de parroquias donde se ofrece como misa del día los martes, jueves y sábados; o donde hay una misa dominical y una misa entre semana.

 

Para ser aún más particular, para presentar una misa en latín tradicional a menudo ha funcionado bien hacerlo el sábado por la mañana, porque es un momento de la semana de “poco tráfico”, y es menos probable que agite la colmena. En algunas parroquias no hay ni siquiera una misa normal los sábados por la mañana, así que no hay que desplazar nada. Otra posibilidad es los primeros viernes y/o los primeros sábados de mes, porque son devociones bien queridas pero tradicionales, y la misa en latín puede verse como su complemento natural: Suena como algo especial para una devoción especial. Otro pastor que conozco presentó una misa vespertina mensual solo para hombres y niños, como parte de un programa de adoración, rosario, misa y camaradería; pronto presentará una misa vespertina mensual solo para mujeres y niñas.

 

Introduciendo el Usus Antiquior los domingos o Días Santos es a la vez el paso más importante y el más difícil. Es importante hacerlo eventualmente, porque solo de esta manera puede el tesoro de la antigua liturgia alcanzar el mayor número de fieles. Obviamente, es difícil debido a la necesidad (en algunos lugares) de muchas misas ofrecidas por un solo sacerdote, así como por el desafío de un calendario ya existente que los feligreses se resisten a ver modificado. Aun así, incluso aquí puede haber un camino a seguir. Por ejemplo, si ya hay una misa tranquila temprano por la mañana, se podría convertir esta en una Misa Rezada tranquila, teniendo cuidado de repetir las lecturas desde el púlpito en lengua vernácula antes de la homilía. Si hay una “misa juvenil contemporánea”, ¿por qué no intentar el salvaje y loco experimento de Nueva Evangelización sustituyéndola por una Misa Gregoriana cantada? Muchos jóvenes católicos están apagados o aburridos de la música pseudo pop y del entorpecimiento implícito que los planificadores litúrgicos consideran necesario para la generación de los teléfonos inteligentes. Como siempre, algunos jóvenes podrían dejar de venir, pero otros encontrarían en ella una experiencia radicalmente nueva que les atraiga de maneras misteriosas. Vendrían nuevas personas – y traerían más gente. Podría terminar siendo bastante exitoso.

 

En todo esto, con dolor, soy consciente de la realidad en el terreno. Hay muchos sacerdotes que sienten que sus manos están atadas a causa de la hostilidad, por parte del obispo, la cancillería, el presbiterio o la parroquia, hacia cualquier cosa tradicional. Este es un aspecto deplorable de nuestra situación decadente, pero no es un callejón sin salida. En tales casos, un sacerdote todavía se beneficia de aprender el Usus Antiquior, al poder ofrecerlo en privado una vez a la semana en su día libre. Esto será para su propio beneficio espiritual por todas las razones ya explicadas y, al conectarlo con una gran tradición, influirá para que comprenda mejor qué es la liturgia y cómo debe celebrarse en cualquier rito o forma.

 

 

[Traducción de Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a dominusestblog.wordpress.com

 

 

Portada: P. James Fryar, FSSP

 

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4 comentarios sobre “¿Debería un Sacerdote introducir el ‘Usus Antiquior’ a una Congregación que no lo pide?

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  1. Según su artículo, entonces, ¿es conveniente que los sacerdotes, en atención a la propia santificación, dejen de lado el modo ordinario del Rito para preferir el extraordinario? Entonces, ¿qué sentido tuvo la Reforma?

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