La FSSP, cultivando un Apostolado Católico Tradicional en México

Por el P. Jonathan Romanoski. One Peter Five. 11 de diciembre de 2018. [Artículo publicado originalmente el 14 de diciembre de 2015]

 

Con motivo de la celebración de la gran festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, me gustaría hacer un breve recuento en homenaje al apostolado de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) en su amado país de México. Todo comenzó cuando se fundó el seminario de habla inglesa de la FSSP. Providencialmente – y al parecer sin mucho debate previo –, se propuso a Nuestra Señora de Guadalupe como patrona titular. Como podrán saber, o no, Nuestra Señora de Guadalupe no sólo es la Patrona de México, sino la Emperatriz de América. Ahora veo más claramente su plan de extender de nuevo la sagrada tradición de la Iglesia en todo el norte, centro y Sudamérica.

Cuando entré al seminario en el 2001, conocí a mi futuro compañero de congregación, el P. Kenneth Fryar, quien había vivido muchos años en la Ciudad de México tratando de fundar una orden tradicional de franciscanos. Como no estaba en la providencia de Dios que se fundara la orden en aquel momento, decidió unirse a la FSSP, en la cual se encontraba estudiando. Enterado de que él sabía conducir en un país con una manera de conducir diferente, propuse que fuéramos en peregrinación como un grupo pequeño para visitar a nuestra patrona, la Virgen de Guadalupe, en la capital mexicana. Así, partimos desde Nebraska y viajamos en su auto durante las vacaciones de Navidad de 2002-2003.

 

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Aún recuerdo cuando, después de dormir durante la última parte de la travesía, desperté justo cuando habíamos llegado a la basílica de Nuestra Señora. De inmediato quedé impresionado por la avalancha interminable de peregrinos que acudían a ver la imagen milagrosa. De hecho, es el santuario más visitado en el mundo, incluso más que el de Nuestra Señora de Lourdes. En cualquier día del año se puede ver un flujo constante de peregrinos acercándose a la basílica donde se guarda la imagen milagrosa. También me impresionó la manifestación pública de catolicismo, al ver que incluso choferes de taxi, con sus flamantes vehículos adornados con imágenes religiosas para consagrarlos a Nuestra Señora de Guadalupe. Estaba sin duda descubriendo una cultura que expresa pública y universalmente su catolicismo, y no sería la última vez que lo vería.

 

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Al entrar y rezar ante la milagrosa imagen, me impactó que después de casi 500 años no se haya desintegrado lo más mínimo. No parece pintada, sino que más bien da la impresión de flotar sobre la tilma[1], hecha de una fibra de cactus que debería haber empezado a descomponerse en sólo unos cuantos años.

Allí le encomendamos nuestros ruegos y peticiones. Poco imaginaba que esto sería el principio de una invitación para vivir y trabajar en su país a fin de cumplir el mismo propósito que Ella le había solicitado en sus apariciones a San Juan Diego cinco siglos atrás: construir una iglesia donde se pudiera ofrecer el santo sacrificio de la Misa, nada menos que la Misa romana tradicional.

 

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Durante nuestra peregrinación pasamos algunos días en la capital de México y procedimos después a visitar Puebla, Morelia, Guadalajara y muchas otras ciudades. En todos los lugares me impresionó la expresión pública de fe del pueblo mexicano, ver lo que aún queda de la cristiandad en esa nación a pesar de tantas persecuciones masónicas sangrientas. Los mexicanos a los que conocí a lo largo del viaje irradiaban amistad y un espíritu acogedor, de forma que se los veía como una gran familia, en vista de que todos compartían la misma fe católica. Si mi Dios es tu Dios entonces mi casa es tu casa. De la misma manera, las iglesias estaban generalmente llenas de fieles – aún fuera de los horarios de misa – con muchos visitantes rezando de rodillas ante el Santísimo Sacramento y ante los muchos hermosos crucifijos y estatuas. También me sorprendió gratamente ver que nadie recibía la Sagrada Comunión en la mano, y que en general su corazón católico aún conservaba un sentido de devoción muy tradicional. Entonces, pensé que sería un terreno muy fértil para reintroducir la Misa Tradicional en latín.

Tampoco puedo dejar de mencionar que gracias a la típica hospitalidad mexicana de una familia que conocimos en Guadalajara, que me invitó a ir a su casa siempre que lo deseara, decidí regresar cuando pudiera para aprender el idioma y entender mejor el rico tesoro de su historia y cultura católicas.

Fue durante aquella visita veraniega cuando un capellán de nuestra Fraternidad y yo fuimos a visitar al cardenal arzobispo, quien, habiendo oído hablar de nuestra labor, de inmediato extendió una invitación a la FSSP para venir y empezar un apostolado en la Arquidiócesis de Guadalajara.

 

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Y así, cuando dos años más tarde, en 2008, me ordené sacerdote, se me envió con la misión de iniciar el primer apostolado mexicano junto con otro sacerdote de la FSSP con más experiencia, de nacionalidad alemana.

Como podrán suponer algunos de ustedes que recuerdan la reintroducción de la Misa Tradicional en latín en los Estados Unidos, los comienzos de nuestro apostolado en México fueron en ocasiones difíciles. Tuvimos que construir una reputación desde cero. Aquí estábamos, dos sacerdotes extranjeros, resaltando aún más entre los escasos sacerdotes que vestían sotana en público. Esto era en un país en el que la única connotación que tenía la Misa en latín era ser la misa lefebvrista, que a los ojos de la gente había sido “prohibida” y por lo tanto ya no era católica. A pesar de más de 25 años de labor por parte de Ecclesia Dei y del reciente motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI que restablecía los derechos de la Misa Tradicional, todavía nos topábamos con algo de ignorancia, y por lo tanto, de resistencia.

El mismo sacerdote que tuvo la amabilidad de entregarnos para nuestro uso la iglesia de la que había estado a cargo, nos presentó al deán como los “sacerdotes Lefebvristas” que lo iban a sustituir. En otra ocasión, nos invitaron a celebrar una Misa de matrimonio tradicional en otra iglesia diocesana. Un sacerdote anciano entró a la sacristía, y viendo la birreta y las sacras, preguntó a uno de nuestros bastante ingeniosos acólitos si éramos lefebvristas. El acólito respondió: “No, padre”.

 

– “Pero” – respondió el sacerdote – ustedes ofician la Misa lefebvrista.

 

A lo que nuestro acólito preguntó: “Padre, ¿cuándo lo ordenaron?”

– “En 1957” – respondió.

– “Entonces usted celebraba también la misa en latín, ¿correcto?”

– “Sí” – respondió.

– En ese caso, ¿usted también era un lefebvrista?”

– “No” – repuso –. “Éramos católicos”.

 

Anécdotas como ésta demuestran la mentalidad a la que en ocasiones teníamos que enfrentarnos durante los años en que íbamos desarrollando nuestro apostolado y los desafíos que puede presentar. Sin embargo, tengo que reconocer que nunca hubo ningún problema con los fieles que venían por primera vez a la Misa tradicional, ya que los mexicanos son muy bien conocidos por su disciplinado respeto al clero. Recuerdo a una señora en particular que, después de asistir a la Misa en latín todos los días durante un mes, comentó:

 

«No sé por qué será en latín ni por qué estará el sacerdote volteado hacia el otro lado, pero tengo la impresión de que ésta es la forma en que tiene que ser».

 

Y así, de forma lenta pero segura empezamos a construir una buena reputación. La gente se daba cuenta de que la Misa tradicional estaba de vuelta, y comenzamos a atraer a aquellas personas devotas que buscaban el sentido perdido de la reverencia que sus corazones – y su alma – anhelaban.

 

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Una familia que asiste a la Misa diariamente vino a hablar con nosotros después de la primera vez que asistieron a una hermosa Misa cantada: «¿Podría ser así todos los días?» Otro caballero, a quien sus amistades le decían que tenía un sentido “tridentino” de la fe (aunque nació después de los cambios litúrgicos y nunca había conocido la Misa tradicional) se presentó un día consternado en la  iglesia. Nos dijo que estaban tratando de administrar la Sagrada Comunión en la mano en las iglesias diocesanas, con el pretexto de evitar la difusión del virus de la gripe. Como no se atrevía participar en algo así, le dijeron que aún podía recibir a Nuestro Señor en la boca en la iglesia de la FSSP. La primera vez que vino, al ver a los sacerdotes con sotana y el altar dispuesto del modo tradicional, comenzó a llorar. Desde entonces ha sido un fiel feligrés nuestro, y ahora nos ayuda a preparar a nuestros acólitos.

Tras algunos años de fiel servicio, el cardenal arzobispo erigió nuestro apostolado como una cuasiparroquia personal, encargándonos una histórica iglesia en el centro de la ciudad, dedicada a Nuestra Señora del Pilar, Madre del mundo hispánico. La Virgen del Pilar es muy conocida por haber visitado a Santiago Apóstol en España mientras aún vivía en la Tierra, donde hincó un pilar y prometió la conversión de ese país y, a través del mismo, la conversión de la América Hispana, que el muy devoto terciario franciscano Cristóbal Colón descubrió el 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar.

 

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Nuestra Señora de Guadalupe es también símbolo de la providencial conexión entre España y la Nueva España, dado que la advocación de Guadalupe ya se le había dado a una imagen que se cree fue tallada por San Lucas y donada más tarde por San Gregorio Magno al Obispo de Sevilla, que estuvo escondida durante la persecución mahometana. Cuando fue redescubierta, Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió en una importante patrona durante la Reconquista de España en contra de los pérfidos moros. Reapareció más tarde con una nueva apariencia en Nueva España, para realizar la nueva conquista del México pagano a la religión de Cristo Rey nuestro.

En resumen, siempre he sentido palpablemente que estamos bajo el especial cuidado maternal de Nuestra Señora, que dirige la reconquista – por la que oramos – de esta tierra que es suya. Tengo la esperanza de que también tengamos parte en la reconquista de todo el mundo de habla hispana.

 

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Este año hemos tenido la gran bendición de poder adquirir, gracias a un préstamo, una nueva casa con espacio para recibir a los aspirantes de habla hispana de todo el continente americano, que, si Dios quiere, llegará a ser un día un futuro seminario de habla hispana para la FSSP.

Dios nos ha dado la gracia de que pudiéramos emprender un nuevo apostolado en la Ciudad de México el año pasado [2014] en la histórica capilla de la Inmaculada Concepción.

 

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Hay muchas anécdotas que contar, pero en resumidas cuentas, esperamos que nuestros humildes comienzos bajo la guía providencial de la humildísima Virgen rindan fruto algún día para aplastar la cabeza del dragón infernal y lograr el triunfo de su Divino Hijo.

Non fecit taliter omni nationi* – No hizo nada igual con ninguna otra nación.

 

¡Que viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe! 

A.M.D.G.+

 

P. Jonathan Romanoski, FSSP.

 

* Palabras pronunciadas por Benedicto XIV cuando se le presentó la imagen de la Guadalupana.

 

En días pasados [1 de diciembre de 2018] la FSSP celebró el 10° Aniversario de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro en México.

 

Nota del editor [One Peter Five]: Usted puede conocer más cobre el apostolado de la FSSP en México en sus medios: Sitio Web Oficial, página de Facebook, y cuenta de Twitter.

 

Traducción de  Dominus Est. Artículo original de One Peter Five]

*permitida su reproducción mencionando a dominusestblog.wordpress.com

 

REFERENCIA:

[1] El tilmatli (o tilma) era un tipo de prenda exterior usado por hombres, documentada desde finales del periodo Posclásico y épocas coloniales tempranas entre los pueblos aztecas y otros del centro de México.

 

Portada: FSSP México, en Facebook

Imágenes por One Peter Five y FSSP México

 

 

Ver también:

Celebrando la Misa de siempre. En Ciudad de México

 

 

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