EL PAPA FRANCISCO CAMBIA LA LITURGIA, PERO NADIE SE DA CUENTA. ¿Qué significa el nuevo ‘motu proprio’?

9 de Septiembre de 2017.

  • Comentario al Motu Proprio del Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
  • Carta Apostólica en forma de “Motu propio” del Sumo Pontífice Francisco “Magnum Principium” con la que se modifica el can.838 del Código de Derecho Canónico.
  • Nota sobre  el can. 838 del C.I.C.

 

El Papa cambia la liturgia desde abajo, dando carta blanca a las Conferencias Episcopales y a las Diócesis. Deberán y podrán adaptar todo según las exigencias locales y al lenguaje moderno.

No pudiendo cambiar la Liturgia desde arriba (causa de cisma) lo inicia desde abajo. El proyecto del papa Francisco se vuelve cada vez más claro. [Comentario: Leone XIII en Fine dei Tempi]

 

CANON 838, DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO ANTES DEL CAMBIO:

Canon 838

 

Comentario al Motu Proprio del Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

EL MOTU PROPRIO “MAGNUM PRINCIPIUM”

Una clave de lectura

 

Con el nuevo motu proprio Magnum principium  cambia la formulación de algunas normas del  Codex iuris canonici  con respecto  a la edición de los libros litúrgicos en las lenguas vernáculas.

El Papa  Francisco,  con este  motu proprio  de fecha 3 de  septiembre de 2017,  que entra  en vigor  el próximo 1 de octubre, ha introducido algunos cambios en el texto del  canon  838.  La  explicación  de  estas variaciones  la  ofrece  el  mismo  documento pontificio, que recuerda y expone los principios que están en la base de la  traducción de los textos litúrgicos  típicos en lengua latina y los organismos implicados en  esta delicada  obra.

La  liturgia,  en  cuanto  oración  de  la  Iglesia,  está  regulada  por  la autoridad eclesial.

Dada la importancia de esta tarea,  los padres del  Concilio Vaticano II  ya  habían considerado  el  papel  tanto  de  la  Sede  Apostólica  como  de  las  conferencias episcopales  en este ámbito  (cf.  Sacrosanctum Concilium, nn.36, 40 y 63).  En efecto, la importante tarea de  realizar las traducciones litúrgicas ha estado guiada por normas e  instrucciones específicas del dicasterio competente, en particular  Comme le prévoit [Como lo prevé] (25  de  enero  de  1969)  y, tras  el  Codex  iuris  canonici [Código de Derecho Canónico] de  1983,  por  Liturgiam authenticam  (28 de marzo de 2001); ambas publicadas, en diferentes momentos, con la  finalidad  de  responder  a  problemas  concretos  surgidos  con  el  paso del tiempo  y suscitados  en  la  compleja  labor  que  conlleva  la  traducción   de  los  textos  litúrgicos. Mientras que la materia referida al  ámbito de la inculturación  ha sido regulada por la instrucción Varietates legitimae (25 de enero de 1994).

Considerada la experiencia de estos años,  ahora  –  escribe el Papa  –  “ha parecido oportuno  que  algunos  principios  transmitidos  desde  el  tiempo  del  Concilio  sean reafirmados más claramente  y  puestos en práctica”. Por tanto, teniendo en cuenta el camino  recorrido  y  mirando  al  futuro,  apoyándose  en  la  constitución  litúrgica  del  Vaticano  II  Sacrosanctum  Concilium,  el  Pontífice  ha  querido  precisar  la  disciplina vigente haciendo algunos cambios al canon 838 del Codex iuris canonici [Código de Derecho Canónico].

La  finalidad  del  cambio  es definir  mejor  el  papel  de la  Sede  apostólica  y  de  las conferencias  de  obispos,  llamadas  a  trabajar  dialogando  entre  ellas,  respetando  sus propias competencias, que son diferentes y complementarias, tanto para  la traducción de los libros típicos latinos, como  para eventuales adaptaciones de  textos  y ritos. Y todo esto, al servicio de la oración litúrgica del pueblo de Dios.

Particularmente, en la nueva formulación del  citado  canon se hace una  distinción más adecuada del papel de la Sede Apostólica, entre el ámbito propio de la recognitio y  de  la  confirmatio,  respetando  cuanto  compete  a  las conferencias  episcopales, teniendo en cuenta su  responsabilidad  pastoral  y  doctrinal,  así  como  sus límites  de acción.

 

La  recognitio,  mencionada  en  el  §  2  del  canon  838,  implica  el  proceso  de  reconocimiento  de  las  legítimas  adaptaciones  litúrgicas  por  parte  de  la  Sede apostólica, comprendidas aquellas “más profundas”, que las conferencias episcopales pueden  establecer  y  aprobar  para  sus  territorios,  en  los  límites  permitidos.  En  este ámbito  de  encuentro  entre  liturgia  y  cultura,  la  Sede  Apostólica  está  llamada  a recognoscere [a reconocer], es decir, a revisar y valorar las adaptaciones,  con el fin de salvaguardar la unidad sustancial del rito romano : la referencia  sobre esta  materia son los números 39-40  de  Sacrosanctum  Concilium,  y  su  aplicación,  tanto  si  se  indica o  no  en  los libros litúrgicos, está regulada por la instrucción Varietates legitimæ.

 

La confirmatio – terminología ya adoptada en el motu proprio Sacram Liturgiam no. IX  (25  enero  1964)  –  se  refiere  a  la  traducción  de  los  textos  litúrgicos  que,  según Sacrosanctum Concilium  (n. 36  § 4), compete preparar y aprobar  a las conferencias episcopales; el § 3 del canon 838 precisa que las  traducciones  tienen que ser llevadas a cabo  fideliter,  según los textos originales, recogiendo así la preocupación principal e la instrucción Liturgiam authenticam.  De hecho, recordando el derecho y la tarea de  la  traducción  confiada  a  las  conferencias  episcopales,  el  motu  proprio  recuerda, además,  que  las  mismas  conferencias  “tienen  que  asegurar que,  salvaguardado  el genio de cada lengua, se vea plena y fielmente el sentido del texto original”.

La  confirmatio de  la Sede  Apostólica  no  se  entiende,  por  tanto,  como  una intervención alternativa  en el proceso  de  traducción, sino como un acto de autoridad con el cual el dicasterio competente ratifica la aprobación de los obispos;  suponiendo una valoración positiva de la fidelidad y de la congruencia de los textos elaborados con respecto a la edición típica,  sobre la cual se funda la unidad del rito, y teniendo en  cuenta,  sobre todo, lo textos de mayor importancia, particularmente las fórmulas sacramentales,  las  plegarias  eucarísticas,  las  plegarias  de  ordenación,  el  rito  de  la misa, etc.

 

La  modificación del  Codex  iuris  canonici  conlleva, naturalmente,  una adecuación del artículo 64 § 3 de la constitución apostólica Pastor bonus, como también de la normativa  en  materia  de  traducción.  Esto  requiere retocar,  por  ejemplo,  algunos números de la Institutio generalis Missalis Romani y de los Praenotanda de los libros litúrgicos.  La  misma  instrucción  Liturgiam  authenticam,  a  tener  en  cuenta  por  las válidas  indicaciones que  aporta  para  esta  complicada  tarea  y  sus  implicaciones, cuando pide la  recognitio  tiene que ser  interpretado  a la luz de la nueva formulación del  canon  838.  Finalmente,  el  motu  proprio  dispone  también  que  la Congregación para  el  Culto  Divino  y  la  Disciplina  de  los  Sacramentos  “modifique  el  propio Reglamento de acuerdo a la nueva disciplina y ayude a las conferencias episcopales a llevar a cabo su labor”.

Arthur Roche

Arzobispo Secretario

Congregación para el Culto Divino

y la Disciplina de los Sacramentos

Fuente del texto:  Oficina de Prensa de la Santa Sede


 

Interior Francisco

 

Carta Apostólica en forma de “Motu propio” del  Sumo Pontífice Francisco “Magnum Principium” con la que se modifica el can.838 del Código de Derecho Canónico

 

El principio importante, confirmado por el Concilio Ecuménico Vaticano II, según el cual la oración litúrgica, adaptada a la comprensión del pueblo, pueda ser entendida, ha requerido la seria tarea encomendada a los obispos, de introducir la lengua vernácula en la liturgia y de preparar y aprobar las versiones de los libros litúrgicos.

La Iglesia Latina era consciente del inminente sacrificio  de la pérdida parcial de su lengua litúrgica, utilizada  en todo el mundo a través de los siglos, sin embargo abrió de buen grado la puerta a que las versiones, como parte de los mismos ritos, se convirtieran en la voz de la Iglesia que celebra los misterios divinos, junto con la lengua latina.

Al mismo tiempo, especialmente después  de las diversas opiniones expresadas claramente por los Padres Conciliares respecto al uso de la lengua vernácula en la liturgia, la Iglesia era consciente de las dificultades que podían surgir en esta materia. Por un lado, era necesario unir el bien de los fieles de cualquier   edad y  cultura y su derecho a una participación consciente y activa en las celebraciones litúrgicas con la unidad sustancial del Rito Romano; por otro, las mismas lenguas vernáculas, a menudo sólo de manera progresiva, podrían haberse convertido en lenguas litúrgicas, resplandecientes no diversamente del latín litúrgico por la elegancia del estilo y la seriedad de los conceptos con el fin de alimentar la fe.

A eso apuntaron algunas Leyes litúrgicas, Instrucciones,  Circulares, indicaciones y confirmaciones de los libros litúrgicos en las lenguas vernáculas emitidas por la Sede Apostólica ya desde los tiempos del Concilio, y eso tanto antes como después de las leyes establecidas en el Código de Derecho Canónico. Los criterios establecidos han sido y siguen siendo útiles en líneas generales y, en la medida de lo posible, tendrán que ser  seguidos  por las Comisiones litúrgicas como herramientas adecuadas para que, en la gran variedad de lenguas, la comunidad litúrgica pueda alcanzar un estilo expresivo adecuado y congruente con las partes individuales, manteniendo la integridad y  la esmerada fidelidad, especialmente en la traducción de algunos de los textos más importantes en cada libro litúrgico.

El texto litúrgico, como signo ritual, es un medio de comunicación oral. Pero para los creyentes que celebran los ritos sagrados, incluso la palabra es un misterio: cuando, de hecho,  se pronuncian  las  palabras, en particular  cuando se lee la Sagrada Escritura, Dios habla a los hombres, Cristo mismo en el Evangelio habla a su pueblo, que, por sí mismo o por medio del celebrante, responde con la oración, al Señor en el Espíritu Santo.

El fin de las traducciones de los textos litúrgicos y de los textos bíblicos, para la liturgia de la palabra, es anunciar a los fieles la palabra de salvación en obediencia a la fe y expresar la oración de la Iglesia al Señor. Para ello, es necesario comunicar  fielmente a un pueblo determinado, con su propio lenguaje, lo que la Iglesia ha querido  comunicar a otro por medio de la lengua latina. No obstante la fidelidad no pueda juzgarse por las palabras individuales, sino  en el contexto de todo el acto de la comunicación y de acuerdo a su propio género literario, sin embargo, algunos términos específicos también deben ser considerados en el contexto de  la fe  católica íntegra, porque cada traducción de los textos litúrgico debe ser congruente con la sana doctrina.

No debe sorprender que durante este largo camino de trabajo haya habido dificultades entre las Conferencias Episcopales y la Sede Apostólica. A fin de que las decisiones del Concilio sobre el uso de las lenguas vernáculas en la liturgia sean también válidas  en tiempos futuros, es extremadamente necesaria  la colaboración constante llena de confianza mutua, atenta y creativa, entre las Conferencias Episcopales y el Dicasterio de la Sede Apostólica, que ejerce la tarea de promover la sagrada Liturgia, es decir, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Por lo tanto, para que continúe la renovación de toda la vida litúrgica, ha parecido oportuno   que algunos principios transmitidos desde la época  del Concilio sean más claramente reafirmados  y puestos en práctica.

Sin duda se debe prestar atención a la utilidad y al bien de los fieles, tampoco hay que olvidar el derecho y el deber  de las Conferencias Episcopales que, junto con las Conferencias Episcopales de las regiones que tienen el mismo idioma y con la Sede Apostólica, deben garantizar y establecer que salvaguardado el carácter de cada idioma,  se manifieste  plena y fielmente el sentido del texto original y que  los libros litúrgicos traducidos, incluso después de las adaptaciones,  refuljan siempre con la unidad del rito romano.

Para hacer más fácil y fructífera  la colaboración entre la Sede Apostólica y las Conferencias Episcopales en este servicio que debe prestarse a los fieles,  escuchado  el parecer de la Comisión de Obispos y Peritos, por mí instituida, dispongo, con la autoridad que me ha sido confiada, que la disciplina canónica vigente actualmente en el can. 838 de C.I.C. se haga más clara, de manera que, tal como se expresa en la Constitución Sacrosanctum Concilium, en particular en los artículos 36 §§  3. 4, 40 y 63, y en la Carta Apostólica Motu Proprio Sacram Liturgiam, n. IX, aparezca mejor la competencia de la Sede Apostólica respecto a la traducción de los libros litúrgicos y las adaptaciones más profundas , entre las que se pueden incluir también posibles nuevos textos que se incorporarán a ellos, establecidos y aprobados por las Conferencias  Episcopales.

En este sentido, en el futuro  el canon. 838 se leerá como sigue:

Can. 838 – § 1. Regular   la sagrada liturgia depende únicamente de la autoridad de la Iglesia: esto compite a  la Sede Apostólica y, según el derecho , al obispo diocesano.

  • 2. Es competencia de la Sede Apostólica ordenar la sagrada liturgia de la Iglesia universal , publicar los libros litúrgicos, revisar[1] las adaptaciones aprobadas  según la norma del derecho  por la Conferencia Episcopal, así como vigilar para  que  en todos los lugares se respeten fielmente las normas litúrgicas.
  • 3. Corresponde a las Conferencias Episcopales preparar fielmente las versiones de los libros litúrgicos en las lenguas vernáculas, adaptadas convenientemente dentro de los límites definidos, aprobarlas  y publicar los libros litúrgicos, para las regiones de su pertinencia, después de la confirmación de la Sede Apostólica.
  • 4.  Al obispo diocesano en la Iglesia a él confiada corresponde,  dentro de los límites de su competencia, dar normas en materia litúrgica , a las cuales todos están obligados.

De manera consecuente se han de interpretar sea el artículo 64 § 3 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus sean las otras leyes, en particular las contenidas en los libros litúrgicos, acerca de sus versiones. De la misma manera dispongo que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos modifique su “Reglamento” basándose en  la nueva disciplina y ayude a las Conferencias Episcopales a llevar a cabo su tarea y trabaje para promover cada vez más la vida litúrgica de la Iglesia Latina.

Ordeno que todo lo deliberado con esta Carta apostólica en forma de “motu propio” tenga  firme y estable vigor, a pesar de cualquier disposición en contrario, aunque digna de mención especial, y que sea promulgado por la publicación en L’Osservatore Romano, entrando en vigor el 1 de octubre de 2017,  y publicado a continuación en los Acta Apostolicae Sede.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 3 de septiembre de 2017, quinto de mi pontificado.

Francisco

(Traducción no oficial)


 

Nota sobre  el can. 838 del C.I.C.

El can. 838 a la luz de  fuentes conciliares y postconciliares.

Con motivo de la publicación del  Motu Proprio Magnum principium, con el que el Papa Francisco establece variaciones en los  §§ 2 y 3 del can. 838 del C.I.C., el Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ofrece en la siguiente  Nota un comentario  de las fuentes subyacentes a esos párrafos,  considerando la formulación hasta ahora en vigor y la nueva.

El texto actual

Hasta ahora rezaban así los dos siguientes párrafos  del can. 838:

  • 2. “Apostolicae Sedis est sacram liturgiam Ecclesiae universae ordinare, libros liturgicos edere eorumque versiones in linguas vernaculas recognoscere, necnon advigilare ut ordinationes liturgicae ubique fideliter observentur”.
  • 3. Ad Episcoporum conferentias spectat versiones in linguas vernaculas, convenienter intra limites in ipsis libris liturgicis definitos aptatas, parare easque edere, praevia recognitione Sanctae Sedis.

            Para el § 2 las referencias son el n. 21 de la Instr. Inter Oecumenici (26 set. 1964) y el can. 1257 del C.I.C. 1917.

            Para el § 3, son Sacrosanctum Concilium  n. 22 § 2 y n. 36 §§ 3-4; S. Congr. pro Sacramentis et Cultu Divino, Epist. Decem iam annos (5 jun. 1976); S. Congr. pro Doctrina Fidei, Ecclesiae pastorum (19 mar. 1975), art. 3.

Si bien las fuentes tengan un valor indicativo y no sean exhaustivas, se pueden hacer anotaciones al respecto.

En primer lugar acerca del  § 2 del can. 838. el n. 21 de la Instr. Inter Oecumenici pertenece al cap. I, VI. De competenti auctoritate in re liturgica (ad Const. art. 22) y dice así : “Apostolicae Sedis est tum libros liturgicos generales instaurare atque approbare, tum sacram Liturgiam in iis quae universam Ecclesiam respiciunt ordinare, tum Acta et deliberationes auctoritatis territorialis probare seu confirmare, tum eiusdem auctoritatis territorialis propositiones et petitiones accipere”. Resulta clara una presupuesta igualdad entre el verbo “recognoscere” usado en el el § 2 del can. 838  y la expresión  “probare seu confirmare”usada en la Inter Oecumenici. Esta última expresión la quiso la  Comisión litúrgica del Concilio Vaticano II para sustituir  la terminología derivada del verbo “recognoscere” (“actis recognitis”), con referencia al can. 250 § 4 (cf. can. 304 § 2) del C.I.C. del 1917, como fue explicado a los Padres conciliares en Relatio y votado por ellos en el  n. 36 § 3 de Sacrosanctum Conciliumen la  forma “actis ab Apostolica Sede probatis seu confirmatis”. Se puede notar todavía que el  n. 21 di Inter Oecumenici atañe a todos los actos de las autoridades territoriales mientras que el Código lo aplica específicamente a las “interpretationes textum liturgicorum”, materia que l’Inter Oecumenici trata explícitamente en el n. 40.

Acerca del § 3 del can. 838, la referencia a Sacrosanctum Concilium n. 22 § 2 es pertinente. Para la referencia  a Sacrosanctum Concilium n. 36 §§ 3-4 (el § 3 trata “de usu et modo linguae vernaculae statuere, actis ab Apostolica Sede probatis seu confirmatis” y el  § 4 de la “conversio textus latini in linguam vernaculam in Liturgia adhibenda, a competenti auctoritate ecclesiastica territoriali, de qua supra, approbari debet”) resulta claro cómo, para la traducción no se solicite ni una probatio seu confirmatio, ni  una recognitio en estricto sentido jurídico, como pide el can. 455 § 2.

El caso  en torno a un paso del Motu Proprio Sacram Liturgiam n. IX (25 en. 1964), que  por la reacción de los Padres Conciliares aparece enmendado en Acta Apostolicae Sedis, parece  no haber sido  considerada adecuadamente. Cuando Sacram Liturgiam apareció en LOsservatore Romano del 29 de enero de 1964, se leía : “… populares interpretationes, a competente auctoritate ecclesiastica territoriali propositas,[2] ab Apostolica Sede esse rite recognoscendas[3] atque probandas”.En cambio en Acta Apostolicae Sedis fue adoptada la terminología conciliar: “…populares interpretationes, a competente auctoritate ecclesiastica territoriali conficiendas et approbandas esse, ad normam art. 36, §§ 3 et 4; acta vero huius auctoritatis, ad normam eiusdem art. 36, § 3, ab Apostolica Sede esse rite probanda seu confirmanda”. [4] El Motu Proprio Sacram Liturgiam distinguía por lo tanto la aprobación de las traducciones en cuanto tales por parte de las autoridades territoriales  con decreto che las  hacía obligatorias, y el hecho de que ese acto  debía ser  “probatus seu confirmatus” por la Sede Apostólica. Se debe observar también que Sacram Liturgiam añade: “Quod ut semper servetur praescribimus, quoties liturgicus quidam textus latinus a legitima, quam diximus, auctoritate in linguam vernaculam convertetur”.[5] La prescripción atañe a ambos distintos momentos, o sea  el  conficere et approbare una traducción  y el acto de hacerla  obligatoria con la publicación del libro que  la contiene.

La referencia a la Epist. Decem iam annos de la S. Congregatio pro Sacramentis et Cultu Divino es pertinente, pero se debe notar que no utiliza nunca el término  “recognoscere” sino solamente “probare, confirmare, confirmatio”.

Por cuanto se refiere a Ecclesiae pastorum de la S. Congregatio pro Doctrina Fidei, art. 3 (compuesto por tres números), solo el n. 1 atañe  a nuestro objeto y dice: “1. Libri liturgici itemque eorum versiones in linguam vernaculam eorumve partes ne edantur nisi de mandato Episcoporum Conferentiae atque sub eiusdem vigilantia, praevia confirmatione Apostolicae Sedis”. El n. 2 concierne  las reediciones y el  n. 3 los libros de oración. Pero hay que notar que a las Conferencias Episcopales se les atribuye la vigilancia y el mandato mientras a la  Sede Apostólica la “praevia confirmatio” acerca del libro que se edita, y  no precisamente una “recognitio” de la versión como reza en cambio  el  can838.

El nuevo texto

Con la modificación decidida en el  Motu Proprio Magnum principium, los §§ 2 y 3 del can. 838 rezan:

  • 2. Apostolicae Sedis est sacram liturgiam Ecclesiae universae ordinare, libros liturgicos edere, aptationes, ad normam iuris a Conferentia Episcoporum approbatas, recognoscere, necnon advigilare ut ordinationes liturgicae ubique fideliter observentur.
  • 3. Ad Episcoporum Conferentias spectat versiones librorum liturgicorum in linguas vernaculas fideliter et convenienter intra limites definitos accommodatasparare et approbareatque libros liturgicos, pro regionibus ad quas pertinent, post confirmationem Apostolicae Sedis edere.

El § 2 atañe ahora a las “aptationes” (no se nombran ya  las “versiones”, materia del § 3), o sea textos y  elementos  que no aparecen en la  editio typica latina, como asimismo  las “profundiores aptationes” contempladas en   Sacrosanctum Concilium n. 40 y reguladas por la Instrucción  Legitimae varietates sobre la liturgia romana y la inculturación  (25 enero 1994); aprobadas por la Conferencia Episcopal, las “aptationes” deben  tener  la “recognitio” de la Sede Apostólica. La referencia es Sacrosanctum Concilium n. 36 § 3. El  § 2  retocado conserva, entre  sus  fuentes, el can. 1257 del CIC 1917, y añade la referencia a la Instrucción Legitimae varietates que trata de la  aplicación de los   nn. 39  y 40 de la Sacrosanctum Concilium, por la cual se solicita una verdadera y propia “recognitio”.

 

El § 3 trata de  las “versiones” de los textos litúrgicos que, como se especifica mejor, debe  hacerse “fideliter” y aprobadas  por las  Conferencias Episcopales. La referencia es  Sacrosanctum Concilium n. 36 § 4 y además  la analogía  con el can. 825 § 1 acerca de la versión de  la Sagrada Escritura. Dichas versiones se editan en los libros litúrgicos después de haber recibido la  “confirmatio” de la Sede Apostólica, come dispone  el Motu Proprio Sacram Liturgiam, n. IX.

La precedente formulación  en el § 3 del can. 838: “intra limites in ipsis libris liturgicis definitos aptatas”, deudora de  Sacrosanctum Concilium n. 39 (“Intra limites in edititionibus typicis librorum  liturgicorum statutos… aptationes definire”), concerniente las  “aptationes” y no las “versiones” de las que  trata ahora este párrafo  se expresa con la frase  “intra limites definitos accommodatas”, yendo  a la terminología del n. 392 dell’Institutio Generalis Missalis Romani; esto consiente hacer una distinción oportuna con respecto a las  “aptationes” mencionadas en el § 2.

            El § 3 retocado continua, por lo tanto, a fundarse  sobre Sacrosanctum Concilium n. 22 § 2; n. 36 §§ 3 – 4;  S. Congr. pro Sacramentis et Cultu Divino, Epist. Decem iam annos (5 jun. 1976); S. Congr. pro Doctrina Fidei, Ecclesiae pastorum (19 marz. 1975), art. 3, con la referencia añadida a los  nn. 391 y 392 de la ’Institutio Generalis Missalis Romani (ed. typica tertia), evitando sin embargo el término “recognoscere, recognitis”, de manera que el acto de la  Sede Apostolica relativo al las  versiones preparadas por las  Conferencias Episcopales con una fidelidad particular al sentido del texto latino (véase el añadido del “fideliter”), no pueda ser equiparado a la disciplina del  can. 455, sino que pertenezca a la acción de una “confirmatio” (come se expresa sea en Decem iam annos sea en Ecclesiae pastorum, art. 3).

La “confirmatio” es un acto autoritativo por el  cual la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ratifica la aprobación de los obispos, dejando la responsabilidad de la traducción, supuesta fiel, al munus doctrinal y pastoral de la Conferencia  de los Obispos.  En breve, realizada ordinariamente por medio de confianza, la “confirmatio” supone una evaluación  positiva de la fidelidad y de la congruencia de los textos elaborados con respecto al texto típico latino, teniendo en cuenta sobre todo los textos de mayor importancia (por ejemplo las fórmulas sacramentales que requieren la aprobación del Santo Padre, el Rito de la Misa, las oraciones eucarísticas  y de ordenación, que comportan una detallada  revisión).

 

            Come se recuerda en el mismo  Motu Proprio Magnum principium, las modificaciones del can. 838, §§ 2 e 3, repercuten en el art. 64 § 3 de la Constitución Apostólica Pastor bonus, así como en la Institutio Generalis Missalis Romani y en los Praenotanda de los libros litúrgicos, en los puntos relativos a la materia de las traducciones y de las adaptaciones.

 

Sábado 9 septiembre 2017

Fuente:  Oficina de Prensa de la Santa Sede

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