CUIDADO CON LOS PECADOS DE LOS PIADOSOS – Una reflexión sobre las maneras en que Satanás usa incluso las cosas buenas para atraparnos

Por Mons. Charles Pope.

 

¿Qué es la tentación? Es la obra de Satanás para arrastrarte al infierno. Puede leerte como un libro, tocarte como un piano. No exageres su poder, pero tampoco lo subestimes.

 

Algunas de las obras más sutiles de Satanás se realizan en el área de la observancia religiosa. Allí, puede cubrirse con la vestimenta de cordero  piadoso, pero, como lobo que es, lo distorsiona por exceso o defecto, destruyéndote con lo que es bueno. Ten cuidado con lo que algunos escritores espirituales llaman las “trampas de los piadosos”. Tengamos en cuenta algunos ejemplos:

 

Él puede desanimarte en la oración, diciendo: “Si sólo oras un poco más, entonces Dios te dará lo que buscas”. El engaño es que si pudiéramos rezar un poco más, entonces nunca podremos haber orado lo suficiente. Así, aunque oremos, todavía nos sentimos culpables e inadecuados. Y puesto que nunca podemos haber orado “lo suficiente”, la oración se convierte cada vez más en una tarea pesada. En este engaño satánico, Dios se convierte en un cruel maestro exigiendo oraciones más largas y precisas, o la oración se convierte en un esfuerzo supersticioso cuyo resultado controlamos de alguna manera por la longitud y el tipo de nuestras oraciones. Jesús nos aconseja que el Padre sabe lo que necesitamos y que no debemos pensar que sólo son necesarias múltiples palabras y acciones piadosas. Puede que tengamos que perseverar en la oración con el tiempo, pero Dios no es un tirano cruel que exige un encantamiento sin fin.

 

Satanás puede tomar las hermosas prácticas de rezar el rosario, asistir a la Misa diaria u otras devociones y usarlas para incitar en nosotros un sentimiento de supuesta superioridad, elitismo u orgullo. Poco a poco, estamos pensando en los demás como menos devotos porque no hacen ni observan estas cosas que son alentadas pero no requeridas.

 

Satanás también puede tomar lo que se requiere y convertirlo en una especie de minimalismo religioso, una forma de mantener a Dios a distancia. Él tienta a algunas almas con la idea de que asistir a la Misa dominical, poner algo en el canasto de recolección, y recitar algunas plegarias apresuradas son el fin de la religión más que el comienzo de ella. Tales observancias se convierten en una forma de “chequeo de tareas en la caja de Dios” para que podamos “cumplir con Dios” durante la semana. Estas buenas prácticas se convierten en la totalidad de nuestro acatamiento en lugar de un fundamento sobre el cual construir una hermosa y cada vez más profunda relación de amor con Dios.

 

Estas prácticas mínimas se convierten en una forma de “control de Dios” para los que son tentados de esta manera; es como si dijera: “He hecho lo que se supone que debía hacer,  déjenme en paz, por consiguiente Dios tiene que cuidarme ahora, ya que he hecho lo que se me requería hacer”. De esta manera, las hermosas leyes de la Iglesia y los requisitos que describen los deberes básicos o el fundamento de una relación profunda con Dios, se convierten en una especie de “acuerdo de separación”, estableciendo horas de visita estrictas y especificando quién obtiene qué.

 

Satanás puede tomar el celo religioso y corromperlo en el fanatismo áspero y poco caritativo. Puede tomar un amor por la belleza a la liturgia (antigua o nueva) y convertirla en una insistencia escrupulosa en exactamente los ingredientes correctos a expensas de la caridad y la unidad. “Asegúrense de celebrar la liturgia de la manera que me gusta. A cualquiera que no le guste lo que me gusta es anticuario, un bellaco o un troglodita salvaje que obviamente debe odiar a la Iglesia a la que amo tan profundamente”.

 

Satanás puede tomar el hermoso amor por los pobres y corromperlo en un paternalismo esclavizante que los encierra en la dependencia. Es un “amor” que no responde a sus necesidades espirituales al hablarles respetuosamente de sus pecados, no busca profundizar en su vida espiritual y familiar. De esta manera, las hermosas obras corporales de misericordia se ponen en contradicción con las obras espirituales de misericordia o se consideran adecuadas en sí mismas. Satanás puede enviar a muchos para servir a los pobres, armados con medias verdades y enfoques que simplemente vendan las heridas externas, ignorando las más profundas internas.

 

En cierto sentido, en cualquier virtud lo hará; Satanás puede hacer uso de cualquiera de ellas. Él tratará de corromper a todos ellos, incluso a los religiosos. Es igual de seguro que va a trabajar en la vida de alguien sentado en la banca de una iglesia, como alguien en un burdel o una alcantarilla. Nadie está exento de su obra de tentación; su meta es arrastrarnos al Infierno.

Lo que hace el trabajo de corromper la virtud tan insidiosamente es la sutileza de su obra, pues toma algo intrínsecamente bueno y trata de corromperlo, ya sea por defecto o por exceso, convirtiéndolo en una especie de caricatura de sí mismo.

Una de las tácticas de Satanás es tomar una virtud y aislarla de otras. Cuidado con estas tácticas sutiles de Satanás, que se disfraza bien en las túnicas de la virtud. Utiliza virtudes desligadas, virtudes fuera de balance y proporción.

 

Cuidado con las trampas de la “piedad”.

 

[Traducción de R. Linares. Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

 

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