¿CONSIENTE EL VATICANO AL COMUNISMO? Colombia y Venezuela arden

Por OnePeterFive, 2 de agosto de 2017.

Nota del editor: este artículo nos llega de Domingo Caro, un colaborador versado en la política y la Iglesia en América del Sur.

Durante décadas Colombia ha vivido bajo el terror y se ha visto convertida en un país narcotraficante por la subversión comunista, y la fuerza más maligna en este asunto tiene nombre: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o las FARC. Después de que el presidente Uribe (2002-2010) golpeó duramente a este grupo, decidieron cambiar su estrategia y llegar al poder a través de la política, tal como lo hizo Hugo Chávez en la vecina Venezuela.

Juan Manuel Santos, el presidente colombiano, ha jugado un papel importante en esta estrategia. El año pasado firmó un acuerdo de «paz» con las FARC y ha propuso un plebiscito para aprobarlo. La campaña para asegurar su ratificación fue implacable; todas las encuestas fueron manipuladas para mostrar un amplio apoyo y el Papa se terció a favor del acuerdo que había sido promovido por él mismo y por Raúl Castro. Sin embargo, el pueblo colombiano rechazó el engaño y el «no » resultó triunfante.

La intervención del Papa Francisco fue duramente criticada por católicos hispanoamericanos, y con buena razón. El blog El Quijote Siglo XXI señaló lo siguiente: el acuerdo de 297 páginas es la entrega de Colombia a una forma de comunismo diseñado por Raúl Castro. En esas páginas el estado se compromete a imponer la ideología de género [1] en la educación de los niños y en una variedad de otras políticas; a dar un sueldo durante años a los miembros de la guerrilla; a perdonar un cúmulo delitos contra la humanidad cometidos por las FARC; a permitir que las FARC operen sus propias estaciones de radio para promover el «socialismo del siglo XXI»; a permitir al grupo ocupar algunos escaños en el Congreso y a conservar el dinero adquirido con el tráfico de drogas.

Cuando el acuerdo se suscribió, Pietro cardenal Parolin reveló que «el Santo Padre ha seguido con atención los esfuerzos de los últimos años en búsqueda de reconciliación y armonía y ha alentado esos esfuerzos, sin promover soluciones concretas […]». Mas Francisco fue aún más lejos anunciando, «Prometo que cuando este acuerdo sea aprobado y protegido por el plebiscito, visitaré Colombia para enseñar la paz». ¡Tan seguro estaba que el pueblo colombiano aprobaría el acuerdo en el referéndum!

El Papa tenía buenas razones para alentar tal confianza. Había empleado su autoridad papal para presionar por su aprobación y la encuesta pública propuesta era engañosa: «¿Apoya usted el acuerdo final para concluir el conflicto armado y la construcción de una paz estable y duradera?» ¿No estaba acaso Francisco participando en un fraude, en un proyecto para persuadir a un pueblo católico a consentir a su propia destrucción?

La cosa no termina aquí. La propaganda y zalamerías papal no logró timar a los votantes, sin embargo, Santos procedió con la aplicación del acuerdo, y Francisco, Raúl Castro y las FARC hicieron también lo mismo. El próximo primero de septiembre las FARC se convertirán en un partido político, el 6 de septiembre siguiente Francisco arribará para bendecir la consiguiente «reconciliación» y «armonía ». Es así que la conferencia episcopal, que promovió la visita, tácitamente acepta el beneplácito pontifical para defraudar al electorado colombiano.

Esta ha sido la línea diplomática vaticana en Colombia bajo el cardenal Parolin y el Papa Francisco.  En la vecina Venezuela, el Vaticano ha seguido exactamente la misma línea. Entre el pueblo cristiano, en ambos países, reina la confusión. La perversidad de esta línea diplomática se hace más patente en el genocidio que sufre el pueblo en Venezuela —una catástrofe que Francisco y Parolin han ignorado—, donde la confusión se expresa con valentía. Incluso José Luis Rodríguez, el conocido cantante popular, lanzó un reto al Papa: «El silencio del Papa es asombroso y lo convierte en cómplice de las muertes recientes y de las muertes por venir en este régimen narcotraficante. ¿Qué ocurre contigo, Bergoglio?». Y también: «el Papa está más cerca de la izquierda comunista que de Cristo. ¡Defínete Bergoglio!».

El Vaticano ha criticado a la oposición más que al gobierno y el Papa Francisco jamás ha condenado la represión tiránica en Venezuela. No obstante, siempre ha llamado «al gobierno y a todos los miembros de la sociedad venezolana evitar cualquier nueva forma de violencia y buscar negociar soluciones». Ha ignorado, por lo tanto, la represión a la que el gobierno comunista ha sometido a la población y ha ignorado la doctrina que establece el derecho del pueblo a defenderse de la tiranía. El Papa Francisco y el Vaticano han estado promoviendo el «diálogo» y la «negociación» con una tiranía totalitaria que ha utilizado la autoridad del Vaticano para ganar tiempo y superar varias crisis (en  2014 y 2016).

¿Acaso no sabe el Papa Francisco que la tiranía tiene plenos poderes y que está reprimiendo a un pueblo indefenso?

En la reciente crisis, que se inició en abril, el Vaticano ha seguido el mismo camino. Ya he citado una declaración pública hecha por Francisco en abril; en su mensaje de Pascua insistió en la misma línea. Y hay evidencia irrefutable que el Cardenal Parolin es directamente responsable (al igual que en 2014 y 2016) por el desastroso curso seguido este último mes por los líderes de la oposición asociados en una organización llamada MUD (Mesa de la Unidad Democrática).  Ese liderazgo ha intentado de llegar a una «solución negociada» en la aparente convicción de que el apoyo del cardenal Parolin impulsará a los funcionarios de la tiranía venezolana a negociar con ellos. Esto se puede ver claramente en una carta enviada por uno de los miembros de MUD, Julio Borges, presidente del Congreso Venezolano, a funcionarios del gobierno en la cual Borges se refiere al diálogo que el cardenal Parolin ha propuesto en una carta reciente del Vaticano. ¿No se han percatado los funcionarios del Vaticano y los líderes de la oposición de que las tiranías comunistas no abandonan el poder a través de la persuasión [2]?

El 28 de julio, el director ejecutivo de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, hizo varias declaraciones a los medios chilenos que vale la pena contrastar con la actitud del Vaticano:

 

La crisis en Venezuela no es el resultado de la falta de diálogo. […] No es el resultado de la polarización y de un posible choque entre dos fuerzas equivalentes que requiere mediación. […].  El antecedente de la crisis es un régimen dictatorial que comete violaciones a los derechos humanos extremadamente graves y extensas con impunidad total, sin rendir cuentas a nadie.

Estamos frente a una dictadura, una tiranía que ha aglutinado todo el poder y que lucha por mantenerlo. En este contexto, el Presidente de Chile se niega a referirse a los hechos tal y como son, y afirma que el régimen fue elegido de manera democrática [lo cual] es incompatible con la postura de Chile ante la Organización de Estados Americanos […].

El problema más grave es que propone el diálogo entre gobierno y oposición; este es un error grave, y un jefe de estado bien informado acerca de la situación de Venezuela no debería cometer ese error a estas alturas [. ..].

El 30 de julio, el régimen intentará protegerse a sí mismo con un poco de barniz (no pueden hacer más que eso) adoptando un aspecto democrático-popular pero con una estructura obviamente fascista, que hará aún más difícil una solución negociada democrática y razonable a corto plazo; en esta situación los venezolanos se encuentran absolutamente indefensos.

 

Aparentemente hemos llegado a una situación en la que un cantante popular y el director ejecutivo de Human Rights Watch asumen una autoridad moral más creíble que el Papa Francisco y que el Vaticano de Parolin. No es de extrañar que los católicos colombianos estén irritados: han dicho que el Papa Francisco no está bienvenido, y que él y los obispos que lo apoyan se han puesto fuera de la Iglesia católica.

Recientemente Don José Galat, un católico reconocido y respetado, quien es el fundador de un canal de televisión (Teleamiga) y presidente de la Universidad La Gran Colombia, difundió un grupo de programas de televisión en los que detalla lo que él considera desviaciones de la fe católica por parte del Papa Francisco en lo que se refiere al sacrificio de la Misa (que Francisco ha llamado un «memorial») y al respeto de los mandamientos (uno de los episodios se puede ver aquí). Los obispos de Colombia han reaccionado prohibiendo a los sacerdotes aparecer en el canal televisivo de Galat. En momento dado, una estación de radio entrevistó a Galat de manera agresiva, llamándolo «orgulloso» y cismático. Su reacción fue rebasar sus posiciones anteriores —y mejor reflexionadas—  declarando que Francisco no es el Papa ya que su elección fue nula  y que,  aunque fuese Papa, es un hereje. A su vez, la reacción de los obispos fue instantánea: declararon inmediatamente a don José Galat excomulgado latae sententiae. Bueno fuera que los obispos reaccionaran con rapidez tan ejemplar cuando sacerdotes, religiosos y laicos niegan o cuestionan las enseñanzas fundamentales de nuestra fe y los dogmas centrales de la moral católica.

Creo que don José Galat se ha apartado de lo que los canonistas consideran razonable en relación a la elección papal. Sin embargo, ¿es realmente sorprende que un buen católico, que ama la verdad revelada y al pueblo de Dios, esté molesto y anuncie que el Papa Francisco no es bienvenido en Colombia?

Se está gestando el cisma en la Iglesia, no la armonía y la paz. Es imposible que esta no se extienda cuando el Vaticano muestra tal parcialidad hacia los enemigos más acérrimos del catolicismo —nada menos que comunistas bien conocidos como las FARC y Raúl Castro.

[Traducción de Enrique Treviño. Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

[1] Véase el acuerdo de paz final, preámbulo, pg. 3; secciones 2.2.4; 2.3.5; 3.4.1; 3.4.2; 4.2.1.1;  4.2.1.4; 5, p.  126; 5.1.1.1; 5.1.1.1.2; 5.1.1.1.4; 5.1.2.I; 5.2; 6; y el protocolo de monitoreo y verificación del cumplimiento del acuerdo, p. 233, 31 de julio de 2017).

[2] Existe la creencia de que en la Unión Soviética, los comunistas renunciaron al poder pacíficamente. Esto no es cierto. Hubo un golpe de estado fallido contra Yeltsin. Este fracaso es lo que marginó a los comunistas del poder por algún tiempo en Rusia.

 

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