La grave responsabilidad de esos sacerdotes extravagantes

Por Peppino Zola. NUOVA BUSSOLA QUOTIDIANA. 7 de Agosto de 2017.

 

Estimado director,

 

Leyendo ciertas crónicas “católicas”, con las que tú diario también contribuye, me hace preguntarme: ¿Qué le está pasando a tantos hombres (y mujeres) de Iglesia? ¿Qué pasa con los sacerdotes e intelectuales (grave cuando son ambas cosas), que, en vez de dar razones “católicas” de la fe, piensan en ser extravagantes para poder hablar a la gente. Ellos deben saber que, haciendo e esta manera, confunden al pueblo de los simples fieles, en vez de confirmarlos en la fe. Grave responsabilidad. Pongo dos ejemplos.

En una parroquia de la diócesis de Biella, como es sabido, el párroco invitó a hablar en la iglesia a la famosa radical Bonino acerca de acoger prófugos, conocida por haber estado entre los protagonistas de la introducción del divorcio en Italia y, sobre todo, del aborto como un derecho al que podían aspirar las mujeres. En la iglesia, el Santísimo y la Cruz de Cristo fueron ocultados: después de la intervención de Bonino, el conocido ginecólogo católico Leandro Aletti (aconsejó la lectura de su reciente libro “Carne, huesos,músculos y tendones” edit. Gribaudi) intervino educadamente para subrayar que “el acogimiento” implica también aceptar el nacimiento de cada niño concebido, lo que suscitó el rechazo de muchos de los presentes y la reacción del párroco, quien pidió a la policia que interviniera para “echar fuera” a Aletti, cosa que no ocurrió. Fuera de la iglesia estaban presentes muchos policías y carabineros, algunos vestidos de civil.

A quienes estaban afuera de la iglesia rezando (imagino que haciendo “reparación”) se les pidieron sus datos. Frente a este episodio, podemos decir, como Gino Bartali[1], que se tiene que empezar desde cero. En efecto no hay un solo aspecto positivo. Un párroco que invita a hablar de “acogimiento” a una persona enemiga obstinada de la antropología cristiana, como se deduce por la experiencia de la Iglesia; un párroco que se vuelca la fuerza pública para echar a un hermano católico que simplemente, estaba expresando el pensamiento de la Iglesia en tema de aborto; un párroco que hace intervenir en un debate libre a burdos policías y carabineros; un párroco que esconde la presencia de Cristo en la iglesia (¿para no herir la sensibilidad de Bonino?); está la fuerza pública que “anota en la lista” a quien simplemente están rezando; está la presencia oficial del director de la Caritas diocesana; está el silencio del Pastor diocesano. Creo que es suficiente para preguntarse qué está sucediendo. Tal vez, está sucediendo aquello que había previsto Paulo VI y que Aletti se apresuró a recordar: un pensamiento no católico está penetrando en la Iglesia y será responsabilidad de una minoría el salvaguardar la autenticidad de la experiencia católica.

En estos últimos días, el superior general de los jesuitas, se ha distinguido por gestos y palabras que contradicen la tradición católica. Ha dicho, a propósito del matrimonio y la familia, que lo que dijo Jesús no fue “grabado” en su tiempo con instrumentos mecánicos, de lo que se desprende que cualquier interpretación es posible. De esta manera cae la credibilidad de los propios Evangelios y, entonces, se esparce la confusión entre el pueblo católico, precisamente por aquellos que por años han insistido en subrayar la primacía de la “Palabra”. Y entonces, ¿cómo hacemos? No es suficiente. El “superior general” también dijo que el demonio, en efecto, no existe, sino que simplemente con tal palabra se quiere indicar un “símbolo” del mal. También en este caso, deja de confesarse la misma Escritura (no “grabada”), en la que el mismo Jesús se refiere varias veces a la presencia del demonio. Creo que muchos católicos, también de buena fe, piensan en hacer más fácil la aceptación de la fe católica disminuyendo la perentoriedad de las verdades católicas. Otras experiencias demuestran exactamente lo contrario: los anglicanos y los protestantes, que han llegando muy lejos en este camino, de hecho, están desapareciendo. En el campo católico, muchos han retomado el frecuentar la Iglesia después de haber encontrado experiencias de comunidad muy integrales (no integralistas) en la doctrina y en la práctica.

Estimado director, tal vez todo esto acontece porque, frente al trabajo impertérrito y activo del demonio, la reacción de tantos católicos es sólo preocuparse de no disgustar al “mundo” y de no fastidiar al “poder”, como ya lo sostenía el gran Chesterton hace más de un siglo. El aspecto más dramático, lo veo en el hecho de que se confunde a los fieles, volviéndolos inermes frente al avance del totalitarismo del pensamiento único. Una vez más, necesitamos seguir a San Benito, con su inmortal ORA ET LABORA.

 

[Traducción de Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

[1] Gino Bartali (nacido el 18 de julio de 1914 en Ponte a Ema (Florencia) – fallecido el 5 de mayo de 2000),1​ apodado il Ginettaccio2​3​ fue un ciclista italiano, profesional entre los años 1935 y 1954, durante los que consiguió 91 victorias.4​ Ganador dos veces del Tour de Francia (en 1938 y 1948) y tres veces del Giro de Italia (en 1936, 1937 y 1947).

Con posterioridad a su muerte, se descubrió su participación durante la Segunda Guerra Mundial en una red que consiguió salvar a 800 judíos italianos de ser deportados a campos de concentración en Alemania.

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