TRIGO Y CIZAÑA (VI). Consecuencias políticas de esta cizaña

Por Guy Fawkeslein. Dominus Est. 4 de Agosto de 2017.

 

Consecuencias políticas de esta cizaña

                Lógicamente, estas posiciones doctrinales de Lutero no hubieran tenido ninguna repercusión ni ningún éxito si éste no hubiera contado con el apoyo de los príncipes alemanes que, como se dijo antes, buscaban la ocasión propicia para independizarse del poder de Carlos V que por aquella época ya era, también, rey de España. Pero no solo el emperador Carlos era el enemigo, sino también la autoridad del Papa de Roma al que estaba sometida toda autoridad civil. El catolicismo, muy unido a España, es considerado como una religión que vino de fuera y, por tanto, el Papa y el emperador un poder extranjero, y por ende, totalmente ilegítimo. Había que alzarse, por consiguiente, contra el poder y la tutela de ambos tal como propone Ulrich von Hutten en su Queja y admonición contra el poder de Roma (1520). Y para todo esto, Lutero y su desafío suponía la excusa perfecta (el tonto útil) para originar el conflicto.

                El primer gran conflicto que desencadenó fue la conocida “Guerra de los campesinos” donde Lutero tuvo un papel importante y sujeto al vaivén de las circunstancias. Todo comienza con las predicaciones del monje excomulgado acerca de la libertad cristiana y en contra de la opresión eclesiástica tanto de Roma como de los obispos así como del emperador. Tomas Münzer junto con el anteriormente citado Karlstadt mezclaron las ideas religiosas del sacerdocio universal y la salvación segura con una especie de comunismo y propuestas sociales. Las divulgaron por Turingia, el centro y sur de Alemania soliviantando los ánimos de las masas populares de campesinos, proletariado urbano, monjes renegados y nobles arruinados.

                En el 1525, los campesinos de Suabia formularon un manifiesto de 12 puntos en los que reivindicaban a los nobles algunas cosas como la abolición de la servidumbre, la libertad de caza, supresión del diezmo, etc. La respuesta por parte de los príncipes alemanes fue la represión dura de los campesinos, sobre todo, en la batalla de Frankenhausen, donde Münzen fue apresado y decapitado. Y Lutero… ¿qué? Su posición inicial fue muy favorable a la de los campesinos, a los que apoyó en sus reivindicaciones publicando su Exhortación a la paz (1525) donde se dirige a los nobles alemanes en estos términos: “Puesto que sois la causa de tal cólera divina, sobre vosotros se lanzará, a no ser que os enmendéis” o estas “si aún es tiempo de daros un consejo, os pediría, queridos señores, que, por amor de Dios, cedáis algo ante su cólera […] con mayor motivo tendréis que deponer vuestra bravuconería, vuestra indómita tiranía, y negociar razonablemente con los campesinos como si de borrachos y de gente engañada se tratara”. Mientras que en esta misma obra, se dirige a los campesinos en estos términos: “Hasta ahora, queridos amigos, sólo habéis dicho una cosa que yo reconozco que es lamentablemente verdadera y cierta: que los príncipes y señores han prohibido predicar el Evangelio y que han impuesto tantas cargas sobre las gentes que bien se han hecho merecedores de que Dios los arroje de su trono como grandes pecadores contra Él y contra los hombres. No tienen ninguna disculpa. También vosotros tenéis que procurar solucionar vuestros asuntos con buena conciencia y con el derecho. Si procedéis con buena intención, tendréis la consoladora ventaja de que Dios os asistirá y os ayudará. Si, entretanto, sois derrotados o, incluso, morís, al final saldréis ganando y vuestra alma pervivirá para siempre con todos los santos”.

                Pero pronto cambiaron las tornas: la rebelión campesina fue derrotada y los príncipes alemanes dominaron por todas partes. Lutero pierde dos grandes aliados, Sickingen muere cuando su castillo es asaltado por las tropas de la alianza de los príncipes en mayo de 1523 y Hutten poco después. Lutero tenía que ganarse fuera como fuese el aprecio y apoyo de los nobles y príncipes alemanes y para ello no dudará en oponerse con fuerza a los campesinos, a los que hace poco había llamado “queridos amigos” y ahora les dedica piropos como “perros rabiosos”, basta con leer el título de la obra que escribe a favor de los nobles alemanes Contra las hordas asesinas y ladronas de campesinos (1525), dándoles su apoyo incondicional y condenando toda rebeldía contra ellos. Para muestra, un botón: con estas palabras comienza dicha obra: “La sedición, en efecto, no es sólo un delito horrible, sino que es como un voraz fuego que devasta un país; conlleva, por consiguiente, para el país asesinatos y derramamiento de sangre, hace muchas viudas y huérfanos, y destruye todo como la más terrible de las desgracias. Por lo cual, quienquiera que pueda, debe apalearlos, degollarlos y apuñalarlos de modo público o clandestino, puesto que no hay nada más venenoso, nocivo y diabólico que un sedicioso, al igual que se debe matar un perro rabioso, porque si no lo haces, él te matará a ti y a todo el país contigo”. O estas otras: “no puedo ni quiero impedir a dicha autoridad que reprima y castigue a dichos campesinos fuera de las vías de la justicia y la equidad, pese a que el Evangelio no lo permite. La autoridad tiene de su parte el buen derecho, desde el momento en que los campesinos ya no combaten por el Evangelio, sino que se han convertido claramente en pérfidos, perjuros, desobedientes, sediciosos, asesinos, ladrones, y blasfemos, a todos los cuales, incluso una autoridad pagana tiene el derecho y el poder de castigar y, lo que es más, está obligada a castigar a tales pillos. Por esto ella porta la espada y es ministro de Dios sobre aquellos que cometen el mal (Rom 13, 4)”.

 

portada repercusiones políticas

 

                Así pues, Lutero no es más que un pobre hombre que necesitaba el apoyo político para que sus ideas inconexas tuvieran éxito. Las cuestiones teológicas poco o nada importaron ya que el fin por el que los príncipes y nobles se sirvieron de Lutero fue eminentemente político y nacionalista. Para Lutero, en el colmo de su pérdida de juicio, el catolicismo no era una confesión cristiana sino un poder extranjero al que había que oponerse. Este poder extranjero estaba ligado a la obediencia y sumisión al Papa y al emperador y, por tanto, enemigos de Alemania. Esta potencia extranjera ha robado y saqueado a los alemanes por lo que es justo y legítimo confiscar los bienes eclesiásticos. Todo lo que suponga cultura latina es enemigo de Alemania y Lutero será el héroe nacional que luchará contra todo ello.

                Otra consecuencia social, jurídica y política de las doctrinas de Lutero fue su impronta radicalmente antisemita, hasta el punto de que el filósofo Karl Jaspers escribió que en Lutero se encontraba ya el programa nazi reunido; del mismo modo los historiadores británicos Paul Johnson, Robert Michael y otros consideraban que el origen del antisemitismo alemán que llevó a la tragedia de los años 33 al 45 estaba en Lutero.

                   Respecto de este tema, Lutero escribió su Sobre los judíos y sus mentiras (1543) donde nos ofrece perlas como esta: “¿Qué debemos hacer, nosotros cristianos, con los judíos, esta gente rechazada y condenada? Dado que viven con nosotros, no osamos tolerar su conducta ahora que estamos al tanto de sus mentiras, sus injurias y sus blasfemias. De hacerlo, nos convertimos en cómplices de sus mentiras, maldiciones y blasfemias. Ese no es el modo de extinguir el insaciable fuego de la ira divina del que hablan los profetas, ni es el modo tampoco de convertir a los judíos. Con plegarias y el temor a Dios debemos practicar una intensa piedad para intentar salvar de las llamas al menos a algunos. No osamos vengarnos. Una venganza mil veces peor de la que nosotros pudimos desearles ya los tiene agarrados de la garganta. He aquí mi sincero consejo: en primer lugar, debemos prender fuego sus sinagogas o escuelas y enterrar y tapar con suciedad todo lo que no prendamos fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza. Esto ha de hacerse en honor a Nuestro Señor y a la cristiandad, de modo que Dios vea que nosotros somos cristianos y que no aprobamos ni toleramos a sabiendas tales mentiras, maldiciones y blasfemias a Su Hijo y a sus cristianos. Pues Dios perdonará todo lo que toleramos en el pasado sin saberlo —de lo cual yo mismo no estaba al tanto—. Pero si ahora que estamos al tanto protegiéramos para los judíos una casa levantada justo en frente de nuestras propias narices, en la que mienten sobre Cristo y sobre nosotros, en la que nos blasfeman, maldicen, vilipendian y difaman (como lo oímos más arriba), sería como estar haciéndonos a nosotros mismos todo esto e incluso cosas peores, y eso lo sabemos muy bien” (capítulo 11).

               Así pues, el gran logro, en definitiva, de este “Hercules germanicus” fue la ruptura del Occidente cristiano. Una fragmentación de insospechadas consecuencias que supondrían el progresivo alejamiento de Dios, los subsiguientes postulados antiteístas, anticlericales y el surgimiento de un pensamiento ajeno a los pilares cristianos que hasta entonces habían dado identidad y estabilidad a la Universitas Christiana, llamada Europa. Tras el “huracán Lutero”, ya no volveremos a ser los mismos. El auge de los nacionalismos, la intensificación del odio a los judíos (aun mayor que el español), la reivindicación de la supremacía del hombre frente a un Dios que poco o nada se interesa por salvarnos ya que su bondad y redención es arbitraria y externa, sin incidencia en lo humano. Lutero y sus postulados supondrán, como se afirma en el catecismo de san Pio X: “el compendio de todas las herejías que hubo antes de él, que ha habido después y que pueden aún nacer pira ruina de las almas”. Y los datos esbozados lo demuestran.

                 Pero esto no quedó aquí, sino que la voz de Lutero y su obra fue llegó, como eco, a otras naciones vecinas de Europa: La otrora católica Suiza se advino al protestantismo de Calvino y Zwinglio. Los deseos pasionales y caprichosos de Enrique VIII, rey de Inglaterra, le hicieron romper su relación con Roma, desatando una crudelísima persecución contra los católicos, entre cuyos mártires se hallan santo Tomás Moro y san Juan Fischer; dando lugar al nacimiento del anglicanismo o Iglesia oficial de Inglaterra. Del mismo modo, serán muchas las sectas que nacerán de las doctrinas protestantes desde el luteranismo tradicional hasta el protestantismo liberal, mormones o Testigos de Jehová. Y que duran hasta el día de hoy.

Continuará…

 

Guy Fawkeslein. Dominus Est

 

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

ENLACES RELACIONADOS:

EL TRIGO Y LA CIZAÑA (I). [Primera parte]

TRIGO Y CIZAÑA (II). ¿Podremos salvarnos si por miedo o por vergüenza omitimos anunciar el Evangelio?

TRIGO Y CIZAÑA (III). Un enemigo fue y sembró cizaña.

TRIGO Y CIZAÑA (IV). Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”

TRIGO Y CIZAÑA (V). Repercusiones teológicas de la cizaña.

 

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