UN PAPADO DESASTROSO

Por Phil Lawler. CATHOLIC CULTURE.

Cuando el papa Francisco emplea la lectura el Evangelio del día como una oportunidad más para promover su propia visión sobre el divorcio y los vueltos a casar civilmente. Condenando la hipocresía y la “lógica de la casuística”, el Pontífice dice que Jesús rechaza el enfoque de los académicos del Derecho.

Bastante cierto. Pero en su reproche a los Fariseos, ¿Qué dice Jesús acerca del matrimonio?

“Y serán los dos una sola carne. Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. (Mc 10, 8-9)

y…

El que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera contra aquélla; y si la mujer repudia al marido y se casa con otro, comete adulterio (Mc 10, 11-12).

Día tras día, en sus homilías durante la misa de cada mañana en la residencia de Santa Marta en el Vaticano, el papa Francisco denuncia a los “doctores de la ley” así como a la “rígida” aplicación de la doctrina moral católica. En algunas ocasiones su interpretación del Evangelio del día es forzada; a menudo la caracterización que hace de los católicos tradicionales es insultante. Pero en el caso de los divorciados vueltos a casar [“¿Es lícito par aun esposo dejar a su mujer?”], el Papa ha puesto completamente de cabeza la lectura del Evangelio. Leyendo en Radio Vaticana la versión de aquella asombrosa homilía, ya no podría pretender que el papa Francisco esté meramente ofreciendo una nueva interpretación de la doctrina católica. No; es más que eso. El papa está enganchado en un esfuerzo deliberado por cambiar lo que enseña la Iglesia.

Por más de 20 años hasta hoy, escribiendo diariamente sobre noticias del Vaticano, he tratado de ser honesto en mi evaluación sobre declaraciones y acciones papales. Algunas veces critiqué a San Juan Pablo II y al papa Benedicto XVI, cuando creí que sus acciones fueron imprudentes. Pero nunca pasó por mi cabeza que cualquiera de estos Papas supusieran algún peligro para la integridad de la fe católica. Mirando muy atrás en el pasado, a través de la historia de la Iglesia, me doy cuenta de que ha habido malos Papas; hombres cuyas acciones personales fueron motivadas por avaricia, celos y un insano deseo por el poder y una total lujuria. Pero, ¿acaso alguna vez existió algún Romano Pontífice que mostrara tal desdén por aquello que la Iglesia siempre enseñó, creyó y practicó – sobre temas tan claros como la naturaleza del matrimonio y sobre la Eucaristía?

El papa Francisco ha encendido la polémica desde el día en que fue electo como sucesor de San Pedro. Pero en meses anteriores la polémica se ha vuelto muy intensa, la confusión entre los fieles está muy esparcida, la administración en el Vaticano es demasiado arbitraría – y las diatribas del Papa contra sus enemigos (reales o imaginarios) están tan fuera de control– que hoy la Iglesia Universal está apresurándose hacia una crisis.

En una gran familia, ¿cómo debería comportarse un hijo cuando se da cuenta de que el comportamiento patológico de su padre amenaza el bienestar de todos los miembros de la casa? Ciertamente debería continuar mostrando respeto por su padre, pero no puede negar el peligro de manera indefinida. Eventualmente, una familia disfuncional necesita de una intervención.

En la familia universal que es la Iglesia Católica, el mejor recurso de intervención es siempre la oración. Una intensa oración por el Santo Padre sería un proyecto particularmente apto en todo momento. Pero la intervención requiere también de honestidad; un sincero reconocimiento de que tenemos un serio problema.

Reconocer el problema puede proporcionar también una especie de alivio, relajarse de las tensiones acumuladas. Cuando digo a mis amistades que considero como un desastre este papado, he notado mucho más a menudo que se les percibe extrañamente despreocupados. Pueden tranquilizarse un poco sabiendo que sus propias conjeturas no son irracionales, que otros comparten sus mismos temores respecto al futuro de la fe, que no es necesario continuar con una infructuosa búsqueda de caminos para reconciliar lo irreconciliable. Además, habiendo dado nombre al problema, pueden distinguir lo que NO es esta crisis de catolicismo. El papa Francisco no es un anti papa, mucho menos es el Anticristo. La Sede de Pedro no está vacante, y Benedicto no es el “verdadero” Pontífice.

Para bien o para mal, Francisco es nuestro papa. Y si es para mal – como tristemente concluyo que es – la Iglesia ya ha sobrevivido a malos Papas en el pasado. Los católicos nos hemos descompuesto por décadas, disfrutando de una sucesión de admirables líderes vaticanos; Pontífices que fueron dotados maestros y hombres santos. Crecimos acostumbrados a voltear hacia Roma para ser guiados. Ahora ya no podemos.

No es mi intención implicar que el papa Francisco ha perdido el carisma de infalibilidad. Si emitiera una declaración ex cathedra, en unión con los obispos del mundo, podríamos estar seguros de que estaría desempeñando su deber de transmitir lo que el Señor le dio a San Pedro: el depósito de la fe. Pero este papa ha elegido no hablar con autoridad; por el contrario, rechazó rotundamente clarificar su documento magisterial más controvertido.

Pero si no podemos contar con instrucciones claras por parte de Roma, ¿hacia dónde podemos voltear? Primero, los católicos podemos confiar en la enseñanza constante de la Iglesia, las doctrinas que ahora muy a menudo son puestas en duda. Si el Papa es confuso, el Catecismo de la Iglesia Católica no lo es.

Segundo, podemos y debemos pedir a nuestros propios obispos diocesanos que den un paso al frente y carguen con sus propias responsabilidades. Los obispos, también, han pasado años redirigiendo las preguntas más difíciles a Roma. Ahora, necesariamente, deben proveer su propia, clara y decisiva afirmación de la doctrina católica.

Tal vez el papa Francisco me demuestre que estoy equivocado, y emergerá como un gran maestro católico. Espero y rezo por que lo haga. Tal vez todo mi argumento esté obstinadamente equivocado. Ya me he equivocado antes, no dudaría estar equivocado otra vez; un punto de vista más que esté equivocado no tiene mayores consecuencias. Pero si estoy en lo correcto, y el actual liderazgo del Papa se ha vuelto un peligro para la fe, entonces, otros católicos, y en especial los ordenados, líderes de la Iglesia, deben decidir cómo reaccionar. Y si estoy en lo correcto – como seguramente lo estoy – esa confusión sobre las enseñanzas fundamentales de la Iglesia ya se ha esparcido a todo lo largo, por lo que los obispos, como primeros maestros de la fe, no pueden ignorar su deber de intervenir.

Phil Lawler

 

Phil Lawler ha sido periodista católico por más de 30 años. Editor de varias revistas católicas, y ha escrito ocho libros. Es fundador de Catholic World News, y es el nuevo director de noticias y analista en jefe en CatholicCulture.org.

 

[Traducción de Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

Portada: Spaziani

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