Nueve cosas que hemos perdido en la liturgia (además del latín)

Por Eric Sammons. OnePeterFive.

 

Recientemente he estado leyendo El Hobbit a dos de mis pequeños nietos. El centro de la historia es el tesoro perdido: Thorin y su diminuto compañero piden la ayuda de Bilbo Baggins para reclamar su tesoro, el cual había sido capturado por el dragón Smaug, y escondido muy en lo profundo de la Montaña Solitaria. Mientras leo el libro, no puedo más que pensar en nuestro propio tesoro perdido del día: el patrimonio litúrgico de la Iglesia católica.

Después del Concilio Vaticano II (1962-1965), se hicieron cambios a gran escala en la liturgia, lo que involucró el abandono de muchas prácticas tradicionales. Ninguna fue más llamativa para el católico medio (e incluso para no católicos) que el abandono del latín en favor de la lengua vernácula. Aún ha habido muchos otros cambios, y a pesar de que no son tan llamativos para el observador casual como la pérdida del latín, son no obstante, significantes cada uno de ellos.

Ahora, uno puede imaginarse que quien se lamenta por estas pérdidas es simplemente un infante nostálgico de la década de 1950, suspirando por la Iglesia de su juventud. Sin embargo, yo nací después de que terminó el Concilio Vaticano II, y ni siquiera me había convertido católico sino hasta la década de 1990. Nunca asistí a la “vieja misa” sino hasta hace 10 años. Más aún, llegué a la Iglesia por medio de la Renovación Carismática, la cual no es conocida exactamente por una liturgia de la vieja escuela. Y si soy totalmente honesto, prefiero generalmente una liturgia en mi idioma. Aún a lo largo de los años, el tesoro que hemos perdido se ha hecho más evidente, y más doloroso, para mí.

NUEVE PÉRDIDAS LITÚRGICAS

A continuación, algunos de estos aspectos de la liturgia romana de los últimos 50 años, sin un orden particular:

 

1) Ad Orientem

Ya no celebramos la misa con el sacerdote conduciéndonos al Padre. En cambio, nos miramos fijamente el uno al otro mientras proclamamos Cuán Grandes Somos. No puedo imaginar una divergencia simbólica más dramática que voltear al sacerdote lejos de Dios y hacia la gente a la que se supone está conduciendo.

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2) Comulgatorios

El comulgatorio fue un básico de las Iglesias católicas por generaciones. Entonces fue relegado a un lado, igual que a un actor de Hollywood de quien se ha descubierto que era conservador. Esta pérdida ha llevado a pérdidas secundarias: la práctica de recibir la comunión de rodillas, y la marcada separación entre el santuario y la nave. (De hecho, la mayoría de las personas no sabe lo que es una nave, y llaman santuario a toda la iglesia)

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3) Comunión en la boca

A pesar de que la comunión en la boca aún está permitida, una amplia mayoría de personas ahora reciben la comunión en la mano. Una vez asistí a un retiro para la Primera Comunión de una de mis hijas en el que el presentador dijo a los niños que la Primera Comunión significaba que habían crecido, y que sólo a los bebés se les alimenta en la boca. Posteriormente, le dije a mi hija que a los ojos de Dios, somos unos niños pequeños, y que recibir [la comunión] en la boca representa nuestra total dependencia en el Señor, como pajaritos recibiendo alimento de su madre.

 

4) Inclinar la cabeza cuando se menciona el nombre de la Santísima Trinidad, o de Jesús, o de María.

La primera vez en mi vida que asistí a una misa tradicional en latín, se trató de una elaborada misa solemne con docenas de seminaristas y sacerdotes asistiendo y acolitando. A cada mención del nombre de Jesús o de María o de la Santísima Trinidad, inclinaban su cabeza al mismo tiempo en cada una de ellas. Quedé impactado por este gesto de respeto, y pensé para mí mismo, “Estas personas sí que tienen respeto por la fe”.

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5) Música sacra

Comparar hoy el revoltijo de música como la de Marty Haugen o David Haas con el hermoso patrimonio musical de la Iglesia, es comparar un paquete de caramelos con una comida de siete platos en un restaurante de alta gama. La música de hoy es enfermizamente dulce y te deja vacío, mientras que la música que mueve el alma y levanta el corazón hacia el cielo ha sido olvidada.

 

6) Arquitectura sacra

Durante siglos, las comunidades habrían de unirse para construir juntos, a un gran costo y sacrificio, iglesias dignas de Dios Todopoderoso. Pero si se da una vuelta por los suburbios lo suficientemente alejados, podrá ver parroquias “Pizza Hut” y lo que parecen ser hangares abandonados propuestos como templos católicos. El deleite para la vista que son los templos antiguos ha sido remplazado por la lucha entre lo insípido y lo aún más insípido. Ya no es posible caminar en un templo católico y saber inmediatamente que se está en un lugar sagrado en donde el Señor es adorado. Y si no lo sabe de antemano, podría pensar que se trata del lugar donde obtiene la renovación de su licencia de conducir.

9 cosas perdimos en la liturgia

 

7) Uso de la patena al recibir la comunión

Toda vez que la mano se ha vuelto el lugar común para recibir la comunión, la simple patena, que el monaguillo colocaba bajo su barbilla por si alguna partícula de la preciosa hostia caía al suelo, ha sido retirada. Todavía la patena representaba algo: que realmente, verdaderamente creíamos que lo que estábamos recibiendo no era una pieza de pan que podía ser pisoteada, sino que es el Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

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8) Monaguillos

En la búsqueda de nuestra cultura por una neutralidad de género, la Iglesia ha sentido la necesidad de aplacar esa cultura tanto como sea posible. Así las funciones específicas de un género, si no fueran ordenadas divinamente como el sacerdocio, serían abolidas. El campo de entrenamiento para futuros sacerdotes se convirtió en algo que quisimos que la pequeña Sara hiciera, porque “ella sería tan buena como lo es Juan”. Por supuesto, nunca se trató de habilidades, sino en cambio, el reflejo de la imagen de Dios hombre Jesucristo y las diferencias esenciales en las funciones entre hombre y mujer.

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9) Arrodillarnos en la bendición final y durante el Credo

A los protestantes les gusta bromear respecto a que hay mucho de arrodillarse y ponerse de pie en una misa católica. Y comparada con un típico servicio protestante, ciertamente es así. Todavía más, incluso eso tuvo que ser ajustado en nuestro esfuerzo para “simplificar” la liturgia. Por lo que estas antiguas prácticas de arrodillarse para recibir bendiciones, o al proclamarse la Encarnación durante el Credo, han quedado relegadas. Con esto ha desaparecido también otro gesto de reverencia que nos recuerda los grandes misterios que estamos celebrando.

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Pérdidas exponenciales

Cada pérdida, por sí misma, parece ser una cosa menor. Ninguno de estos aspectos perdidos, por supuesto, impactan en la validez de la misa. La Eucaristía sigue siendo la Eucaristía en la misa de nuestros días. Pero cada pérdida – especialmente cuando se combina con todas las otras – impacta sustancialmente nuestra reverencia cuando se celebran los sagrados misterios. Impactan nuestra percepción subjetiva y participación en las gracias que recibimos en la misa.

También, notemos que ninguna de estas cosas está relacionada con la misa tradicional. Después de todo, casi cada uno de estos aspectos de la liturgia que hemos perdido, se conservan en la liturgia oriental, que generalmente se celebra en lengua vernácula, y nunca en latín.

Las razones que se nos ha dado para descartas las prácticas de la liturgia tradicional, fue la de que permitiría la participación de la gente de manera más plena, y la de que haría la misa más agradable para el “hombre común”. La evidencia, sin embargo, apunta en la dirección contraria. “Simplificar” la liturgia ha hecho de ésta algo menos especial, lo que ha hecho su asistencia menos atractiva. Durante una mañana de domingo, cuando alguien tiene la opción entre relajarse en casa o asistir a una insípida imitación de un mal número musical de secundaria, ¿qué elegirá la persona promedio? Sin embargo, si la opción fuera una reverente participación de los misterios celestiales que lo transportan a uno más allá del espacio y el tiempo, podría ser una opción mucho más irresistible que aquella de revisar la programación de televisión del domingo.

Tiendo a mirar la mayoría de las cosas en la Iglesia a través de un lente de evangelización desde que he estado involucrado por décadas en la evangelización católica. He escrito antes que el propósito de la misa no es la evangelización sino la glorificación de Dios. Con todo, hay consecuencias de evangelización hacia liturgias pobres (y quiero decir pobres en dos sentidos de la palabra: mal ejecutada y con una pobreza de reverencia). Esto envía una señal de que no tomamos nada en serio estas cosas de Dios, y nosotros en lo personal tampoco deberíamos enviar esta señal. ¿Es este el mensaje que queremos enviar al mundo?

Los católicos deberíamos acongojarnos por lo que se ha perdido en la liturgia en la generación pasada. Estas pérdidas han contribuido a que la Iglesia pierda mucho de su alma, y en el proceso, perder así también a muchos de sus miembros. Recemos para que los Bilbos [Baggins][1] se levanten y trabajen incansablemente en restaurar el tesoro perdido que ha sido enterrado, fuera de toda vista, por tanto tiempo. Hacerlo, podría involucrar combatir dragones, pero el tesoro por el que estamos trabajando en desenterrar, lo vale.

Eric Sammons

Mayo de 2017

 

[Traducción de Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

[1] Bilbo Baggins, personaje de El Señor de los Anillos.

 

Portada: OnePeterFive

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2 comentarios sobre “Nueve cosas que hemos perdido en la liturgia (además del latín)

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  1. Gracias por recordarnos lo que hemos perdido, aunque muchos nunca lo conocimos, parecieran “poquitos”, pero suman mucho y nos ayuda a buscar el ADORAR A DIOS EN ESPÍRITU Y VERDAD, con la reverencia que nuestro Dios y Creador, Señor de cielos y tierra y Rey del Universo merece de sus creaturas. A Él todo el Poder, Honor y Gloria.

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