REPERCUSIONES DE UN FUNERAL. 2a. Parte. Lo que no se ha dicho

COLABORACIONES

 

Por Guy Fawkeslein. Dominus Est. 20 de Julio de 2017. PARTE II.

Otro de los detalles del funeral del cardenal Meisner ha sido, sin lugar a duda, el mensaje que Benedicto XVI mandó para ser leído y que fue correspondido con un sonoro aplauso. Haremos un comentario de algunas ideas que me han surgido al leer dicho texto:

En primer lugar, la discreción de este santo varón le lleva a reconocer que escribe estas líneas “siguiendo con placer el deseo del cardenal Woelki”, arzobispo de Colonia. Tras recordar su última conversación con Meisner, sucedida la noche antes de su muerte, como quien se despide sin saber que lo hace, el Papa emérito expresa una de las heridas más acuciantes de la actual Iglesia: “en un momento, en el que la Iglesia tiene la necesidad urgente de pastores convincentes, que resistan la dictadura del espíritu de la época y opten todo por vivir y pensar en la fe”. Benedicto no es ciego a la confusión generalizada que de unos años para acá está sacudiendo a la Iglesia. Obispos contra obispos, cardenales contra cardenales, órdenes religiosas tradicionales que son perseguidas mientras que aquellas que han abandonado su carisma son ensalzadas y puesta como modelos, etc. Pastores como los obispos de Malta o el cardenal Farrell o Kasper que pretenden sepultar y denostar todo Magisterio precedente acerca de la moral del matrimonio, de la persona o de la sexualidad. Es por ello que Benedicto alerta de la necesidad de pastores “santos y sabios” con una idea clara de la teología católica que hagan frente a las embestidas de este mundo y de los demonios que lo pueblan buscando perder las almas. Pastores sin miedo a dar la vida por el “pusillus grex Domini (= el débil rebaño del Señor)”.

Y he aquí otro párrafo más que elocuente “Pero mucho más me agita, me impulsa que en este último periodo de su vida ha aprendido a  dejar ir y vivió mucho más  desde la certeza profunda que el Señor no abandona a su Iglesia,…”. Al leerlo, creo que detrás de estas palabras está alguna conversación entre los dos acerca de los “dubia” (porque no creo que se llamaran para hablar del tiempo). Frente a la incompetencia manifiesta de Francisco que desprecia a quien le pide aclaraciones, Meisner supo confiar en Dios, quien lleva a su Iglesia; y de alguna manera, Benedicto XVI nos está invitando, en el ocaso de su vida, a no abandonar nuestra fe en Dios, quien es más fuerte que el mal. Esta frase de Benedicto es una llamada a la perseverancia, a mantenernos en el lugar correcto y aguardar la plena manifestación del “Kyrios” [Señor] glorioso que viene y que vendrá.

Pero incluso, aunque a veces la barca está cargada por completo para comenzar a virar en la dirección contraria”. En mi opinión, el mensaje de Benedicto pivota sobre esta frase tan explosiva. Este es su centro de gravedad. La Iglesia está siendo asaltada por sus enemigos, los que durante años se han ido infiltrando. Hoy la Iglesia católica parece ser más la Iglesia de Saint Gaille, una “mafia” –según palabras de su capo- escandalosa que, aun habiendo sido reconocido por sus miembros, no ha tenido consecuencia ninguna. La “operación viraje” ha sido puesta en marcha con el silencio cómplice de los pastores timoratos, el aplauso de los medios de comunicación que hasta hace poco machacaban a Benedicto, y la resistencia pacífica de los hombres y mujeres de fe.

Concluye el Papa su mensaje haciendo un doble recordatorio de las últimas alegrías del cardenal Meisner: la alegría del perdón de Dios y la alegría de la adoración eucarística. ¿Pueden caber alegrías más grandes en el corazón de un sacerdote o de cualquier católico? Respecto de la primera escribe “alcanzaban en el sacramento de la penitencia la gracia del perdón, el regalo de haber encontrado la vida que para ellos solo puede dar Dios”. Aquí reside la verdadera misericordia divina: el don de Dios que se despliega en quien reconoce el pecado de su vida y vuelve su rostro a Dios, confesando su iniquidad y esperando la absolución que la Iglesia administra para el crecimiento del Pueblo de Dios (cf. LG 11). Esta experiencia del misterio evita que caigamos en perspectivas simplistas y baratas acerca de la gracia y del perdón. Nada está perdido para quien pone su confianza en Dios, porque siempre escucharemos la voz de Jesús que nos dice: “Yo tampoco te condeno, vete y en adelante no peques más” (cf. Jn 8, 11).

Respecto de la adoración eucarística es maravilloso ver la alegría del cardenal Meisner sobre el aumento experimentado en esta práctica de oración, sobre todo en la Vigilia eucarística de la JMJ Colonia 2005. La Eucaristía es el sacramento de la presencia escondida y misteriosa de Cristo en medio de su pueblo. Es el cumplimiento de la gran promesa que cierra el evangelio de Mateo “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (cf. Mt 28, 20).

Ciertamente, este alimento fue legado para ser comido, para que nos sirviera de sustento como banquete del Reino; pero no es menos cierto que con la profundización de la teología en este misterio, la Iglesia fue tomando conciencia de la realidad sacramental que suponía y advirtió pronto la necesidad de que también fuera adorado. Por eso, la Eucaristía, como dice el pastor emérito: “no se puede comer este pan como cualquier alimento ya que para recibir al Señor en el sacramento eucarístico se exigen todas las dimensiones de nuestra existencia, que la recepción debe ser en el culto  se ha convertido en algo muy claro”.

La Liturgia de las Horas también merece una breve reflexión: son más que elocuentes las preciosas palabras con que Benedicto describe la relación entre el orante y el Señor “Había muerto rezando. Su mirada en el Señor. Conversando con el Señor”. Esta forma de orar, a veces, tan olvidada por quienes debieran practicarla con asiduidad, expresa la conciencia de la Iglesia de ser la esposa de Cristo que junto al Espíritu dicen ¡ven, Señor! (cf. Ap 22, 17) y de ser la voz por las que las demás criaturas alaban y ensalzan a su Señor con el superno canto del “Santo, Santo, Santo” (misal romano, IV plegaria eucarística).

Creo que la mejor frase que define al cardenal difunto es la siguiente: “La forma de morir que le fue regalada, demuestra una vez más cómo vivió. Mirando al Señor y hablando con Él”. Ojalá que así fuera la muerte de todos los que se profesan cristianos, rechazando lo que es indigno de este nombre y con el de Jesús en los labios.

Gracias Meisner por tu vida y tu obra. Gracias porque tu muerte será el inicio de una nueva toma de conciencia de la situación tan trágica que padecemos hoy. Gracias maestro Benedicto, padre y pastor emérito de la Iglesia de Dios. Tus palabras son un fuerte e importante estímulo para seguir perseverando y esperando a que Dios muestre su poder y su amor a los Hijos que lo aguardan.

Guy Fawkeslein. Dominus Est

 

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

ENLACE RELACIONADO:

REPERCUSIONES DE UN FUNERAL. 1a. Parte. Lo que no se ha dicho sobre el funeral del Cardenal Meisner

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