Aún hay quienes se resisten a ver el conflicto

COLABORACIONES

Aún hay quienes se resisten a ver el conflicto, pero es un hecho que ahí está y es más grave de lo que pensamos.

Mientras tanto, en medio del conflicto, nos encontramos los fieles que por la indolencia de las autoridades eclesiales que se dedican a la política, más que al verdadero fin encomendado por Nuestro Señor Jesucristo, no es otro, que el que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

La secularización que estamos viviendo, siempre en detrimento de la fe, nos lleva a los fieles a perder el camino, a deslumbrarnos con otras opciones de pensamiento que provocan el relativismo, la confusión y el camino. No es casualidad que los católicos estén perdiendo el espíritu firme y dispuesto al martirio, cuando los ministros no proclaman la verdad con la fuerza y convicción que deberían hacerlo, la corrección política, el miedo a perder los privilegios, la ignorancia y aún peor, la falta de fe, los vuelve una caricatura de sí mismos, la autoridad y la confianza se vuelven inexistentes, el rebaño se dispersa y la fuerza del cristianismo se debilita. La fe se vuelve una ideología utilizada con fines políticos y de poder, para alcanzar objetivos muy alejados de Dios.

Es hora de dejar atrás los conflictos intestinos, exigir a nuestros pastores que tomen el lugar que les corresponde, ser firmes, ser el faro de luz que ilumina este camino tan oscuro que estamos atravesando, necesitamos volver a ser la sal que el mundo convulso e insípido necesita, el llamado no sólo es a las autoridades, también es para cada uno de nosotros, somos los cristianos los que en esta época debemos alumbrar a pesar de todo y de todos, incluso del Papa en turno. Releamos y busquemos constantemente la voz del pastor supremo, pero también exijamos a quien corresponda que haga su trabajo con toda la dignidad y firmeza que se requiere.

Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5, 13-16).

 

Ma. Teresa Ángeles. Dominus Est

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

 

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