LA DESTRUCCIÓN DEL CARDENAL PELL

Por Steve Skojec, OnePeterFive. Primero de julio de 2017.

Hace dos años, al surgir esta noticia, pregunté a varios amigos y compañeros periodistas si sería este «el fin de Pell». Claro que en aquel momento aún no se mencionaba su nombre. Sin embargo, cuando se revelaron los acontecimientos que más tarde serían conocidos como Vatileaks II, las nuevas acusaciones en los medios de una gestión financiera deficiente en el Vaticano plantearon la pregunta de si Pell, el prelado encargado de poner las cosas en orden, quedaría ahora en la mira.

Ya para entonces empezaba a medrar la impresión de que Pell, en el curso de su ahondamiento en el Banco del Vaticano (también conocido como el Instituto para las Obras de Religión o IOR), se había convertido en persona no grata. Finalmente, cuando Pell agregó su firma a la de otros doce cardenales a aquella Carta abierta expresando desazón ante la canalización del Sínodo —se ha dicho que Francisco tomó ese acto de manera personal— su caída de la gracia pontifica cobró velocidad.

Desde entonces para acá el tema se había sosegado, especialmente después de que el Papa Francisco canceló su propia auditoria del IOR en septiembre del año pasado.

Repentinamente, esta semana, el asunto estalla. Alegatos de abuso sexual por parte de Pell que datan de hace décadas, y que originalmente surgieron hace dos años, son hoy acusaciones formales. De acuerdo con fuentes que conocen al cardenal australiano, los medios en su país natal le han sido hostiles desde hace muchos años y buena parte del clero local no lo aprecia.  Pell ha respondido reiterando su gran afán de que finalmente se ventile el caso en los tribunales y de enfrentarse a las acusaciones que él niega categóricamente. Por otra parte, en un artículo de Nancy Flory, en The Stream, todo el asunto se califica como una «cacería de brujas» diseñada para destruir la reputación de Pell.

«Pell jamás recibirá un juicio justo», escribe  la periodista Angela Shanahan de The Australian. Lo que describe aquí es la pertinaz “cacería de brujas de los medios” que ha padecido el cardenal George Pell durante los últimos dos años. Cargos nuevos y ambiguos —acerca de “transgresiones sexuales pasadas”— le fueron imputados al cardenal Pell ayer por la mañana. El cardenal Pell ha negado repetidas veces las acusaciones de abuso sexual levantadas en su contra. No obstante, los medios en Australia reiteran las declaraciones de culpabilidad del cardenal. Han publicado información filtrada acerca de la investigación en contra de Pell, afirmando que un indiciamiento era “inminente”. Y un libro hostil al cardenal (Cardenal: el ascenso y caída de George Pell) se publicó en Mayo.

La “cacería de brujas”

Unas cuantas almas, pocas pero osadas, han objetado al juicio por insinuación de los medios contra el cardenal. Amanda Vanstone, periodista de The Sydney Morning Herald, a quien “no se podría considerar una hincha de la religión organizada”, ha condenado la histeria de los medios de comunicación acerca del cardenal Pell. “Lo que estamos presenciando no es más que una muchedumbre de la edad media preparándose para un linchamiento […] es mucho peor que una simple evaluación de la culpabilidad. El ámbito público se está utilizando para arruinar una reputación y probablemente prevenir un juicio justo, escribe Vanstone. “ ¿Acaso lo normal no es intentar asegurar que el individuo reciba un juicio justo”, pregunta, “manteniendo material prejuicioso fuera de la ámbito público?”»

 

Cabe preguntarse si denuncias con décadas de antigüedad —generalmente imposibles de comprobar— no lograran nada más que dejar a Pell con una reputación demolida. Sin duda un veredicto de culpabilidad bajo tales circunstancias parece dudoso. Mas con encabezados como «¿El pederasta del Papa?» circulando hoy día en la prensa, ni siquiera la absolución total podría restaurar su buen nombre.

Se me ha preguntado si creo que es culpable. Conozco las circunstancias muy poco para hacer incluso una suposición informada. La búsqueda implacable de su destrucción tiende a provocar una simpatía reflexiva por él, mas en este caso la verdad es importa. Por su bien, y el bien de las presuntas víctimas, espero que un juicio imparcial y exhaustivo sea posible, y que la verdad sea revelada.

Una posible trasfondo que concierne la culpabilidad en potencia de Pell está relacionado al estilo gerencial del Papa Francisco. Como ya he indicado, parece existir una tendencia en el Papa a rodearse de hombres vulnerables. Desde Mons. Battista Ricca (ligado también a la reforma del IOR) al arzobispo Vincenzo Paglia al cardenal Francesco Coccopalmerio al cardenal Reinhard Marx, varios de los allegados más importantes de Francisco son individuos con esqueletos en el armario que fácilmente podrían ser arrastrados a la luz en caso de que surgiese algún inconveniente. Si el pasado del cardenal Pell alberga alguna instancia de abuso sexual, esto podría ser utilizado en su contra de ser necesario. Mas aún si fuese absolutamente inocente, el hecho de que las acusaciones ya existían podría  proporcionar el recurso necesario para colocarlo en una situación delicada. Después de todo, le fue permitido a Pell escudriñar la vorágine de las finanzas del Vaticano, es lógico preguntarse si acaso no descubrió demasiado.

Hay que recordar que en enero de 2015 el «presidente destituido del banco del Vaticano», Ettore Gotti Tedeschi, escribió un artículo en el Catholic Herald en el que le advierte a Pell que probablemente no se le informo debidamente acerca de la historia reciente del Banco, y de que su expulsión fue el resultado de su «decisión de presentar a la junta un plan que habría cambiado totalmente la función y la administración del Banco». Después de detallar su propia versión de lo ocurrido Tedeschi hace una serie de recomendaciones a Pell:

 

Creo sinceramente que el cardenal Pell debería investigar a fondo las siguientes incógnitas:

1) ¿Quién cambió la ley para prevenir el lavado de dinero del Vaticano en diciembre de 2011 y por qué?
2) ¿Quién, en la Junta laica, realmente decidió que fuese despedido como presidente del Banco del Vaticano el 24 de mayo de 2012, y por qué?
3) ¿Quién desestimó la decisión de Benedicto XVI a favor de mi rehabilitación?
4) ¿Quién se rehusó a interrogarme acerca todos estos hechos? ¿Quién no desea enterarse de mi versión de la verdad y por qué?

 

Es imposible leer tal lista y no considerarla como una acusación de actividad ilícita intencional por parte de actores desconocidos e influyentes dentro de la estructura de poder del Vaticano.

El tema de personas desconocidas realizando cambios en el IOR es intrigante. Parece relevante aquí tomar nota de que parte del subtexto del golpe de estado que derrocó a la Soberana y Militar Orden de Malta (SMOM) incluye el alegato de que un enorme legado (treinta millones de francos suizos) a la orden fue depositado en el Banco del Vaticano. Marc Odendall, una figura clave en la facción de von Boeselager en la SMOM, fue nombrado por el Papa Francisco en 2014 a la Junta Directiva de la Autoridad de Información Financiera del Vaticano —un cuerpo supervisor creado por el Papa Benedicto XVI para asistir en el aseo de la corrupción y de la gestión deficiente en el IOR. En diciembre pasado, al mismo tiempo que se estaba forzado a Albrech von Boeselager a dejar de su puesto como Gran Canciller de la Orden, se nombraba a su hermano Georg como supervisor en el Banco del Vaticano. En medio de todo esto, la administradora del donativo de treinta millones de francos ha advertido, según un informe anónimo distribuido a los medios a principios de este año, que si la demanda en su contra (interpuesta por la SMOM para obtener control del donativo) sigue adelante revelará secretos bochornosos acerca de actividades en las instituciones financieras del Vaticano.

«Conoce algo de la negociación financiera interna y del funcionamiento del Vaticano, incluyendo, debemos suponer, actividades que no son totalmente irreprochables».

Continúa: «se cree que lo que está indicando es que si continua la demanda, o si fuese procesada, divulgaría lo que sabe acerca de esas transacciones financieras internas del Vaticano y no dudaría en dar a conocer los nombres de ciertos altos funcionarios y sus conexiones a esas transacciones y acuerdos».

 

Volviendo a la rectificación de las finanzas del Vaticano y el papel de Pell, recordemos así mismo que en 2015 descubrió más de mil millones de euros «ocultos» de la contabilidad del IOR:

«Que enormes cantidades de efectivo no declarado ha sido ocultado en varias cuentas bancarias por  organizaciones y grupos dentro de la Santa Sede en Roma.

Los fondos no han sido malversados y no están relacionados a la corrupción y el oprobio que previamente han causado bochorno en el Vaticano, mas los bienes no ha sido debidamente declarados y no están disponibles para provecho de la Santa Sede ya que son invisibles debido a la práctica italiana de aislar bienes no declarados».

 

« […] debido a la práctica italiana de aislar bienes no declarados». ¡Vaya! Así que lo que sería ilícito en cualquier otra situación es simplemente «una práctica italiana».

Hay otra noticia reciente que podría parecer de poco impacto por sí misma, pero que adquiere mayor significado a la luz de las graves cuestiones relacionadas a la corrupción en el IOR. Libero Milone, el nuevo Auditor General nombrado por el Papa Francisco en 2015 para investigar la situación financiera del Vaticano, renunció inesperada y repentinamente el mes pasado. No se ha divulgado información alguna, pero es indudable que desde el principio Milone se topó con resistencia por parte de la burocracia del Vaticano a las reformas financieras. Al inicio de su mandato, por ejemplo, su ordenador fue pirateado. Según Edward Pentin, «la divulgación de esta noticia dio lugar al escándalo de Vatileaks II».

Pentin también menciona un punto específico de resistencia enfrentado tanto por Milone como por Pell:

 

«[…] recientemente, [Milone] firmó una carta con el cardenal George Pell, prefecto de la Secretaría de Economía, amonestando a la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), el órgano del Vaticano encargado de administrar los bienes inmueble, por instruir a los departamentos del Vaticano a  proporcionar su información financiera no al Auditor General, sino a una magistratura externa.

Milone y el cardenal Pell redactaron una carta en mayo dirigida a todos los dicasterios indicando, “con profundo pesar”, que se veían obligados a intervenir para refutar las instrucciones de la APSA. Este acto arbitrario y unilateral por parte de la APSA fue visto como una transgresión extraordinaria no sólo de la autoridad de la Secretaría de Economía y del Auditor General, sino también de la Secretaría de Estado. A diferencia de la suspensión de la auditoría de Price-Waterhouse el año pasado, fuentes internas del Vaticano afirman que [la disposición] no provino de una autoridad superior y, por lo tanto, se consideró como un acto combativo de la APSA para «recuperar» algunos de sus poderes.

APSA es posiblemente el organismo más resistente a las reformas que implican mayor escrutinio financiero».

 

De acuerdo con un informe del sitio web estadounidense Newsmax.com, fue esta situación con la APSA lo que posiblemente condujo al Papa Francisco a volverse contra Pell y su tarea:

 

«Pell efectivamente encontró una nueva fuente de ingreso —en potencia— en espacios comerciales y residenciales de Roma bajo la tutela de la Administración del Patrimonio de la Santa Sede, o APSA, valorados en mil millones de euros. Según el cardenal, la gestión no estaba a la altura, y en julio de 2014 el Papa Francisco otorgó a Pell el control de las propiedades.

Sin embargo, el presidente de la APSA, el cardenal Domenico Calcagno, recientemente se avino al Papa Francisco —a menudo se les veía cenando juntos en la residencia pontifica. En el transcurso de dieciocho meses, Francisco retiró el control de Pell sobre los bienes inmueble de la APSA. Algunos culpan la fe de Pell en el mercado libre, algo de lo cual el Papa Francisco es un crítico bien conocido.

 

Francisco canceló su propia auditoría el pasado septiembre.

Nos enfrentamos aquí una vez más a un misterio: ¿Por qué dimite Milone poco más de una semana antes de que Pell es acusado formalmente? ¿Sabía lo que estaba a punto de ocurrir? ¿Reconoció que los obstáculos oponiéndose a su trabajo eran simplemente infranqueables, que la corrupción dentro del sistema financiero del Vaticano era demasiado profunda?

Hay que recordar, también, el artículo escrito este año  por el profesor Germano Dottori, del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad LUISS Guido Carli en Roma, indicando que él cree que la dimisión del Papa Benedicto XVI fue el resultado de presión económica ejercida por intereses internacionales:

El estado italiano y el del Vaticano recibieron simultáneamente golpes de una campaña indignante, coordinada, sin precedentes y de una violencia insólita, incluyendo maniobras relativamente veladas en el ámbito financiero. La crisis se consumó en noviembre de 2011 con la partida de Berlusconi del Palazzo Chigi y, en febrero 10 [sic – 11] de 2013, con la dimisión de Ratzinger. Durante el apogeo de la crisis, Italia vio su acceso a los mercados financieros internacionales gradualmente clausurado, mientras el Instituto para Obras Religiosas (IOR) [el Banco del Vaticano] fue suspendido temporalmente del sistema bancario Swift 4  [énfasis añadido].

 

Uno de los condicionantes desconocidos que contribuyeron a la partida del Papa Benedicto XVI es que en los días anteriores a la declaración oficial la actividad bancaria en Vaticano era prácticamente imposible. La situación fue el resultado de presión intencional en contra del Vaticano, presión utilizada, según algunos, para forzar al Vaticano a sanear la corrupción financiera y cumplir con las normas bancarias internacionales; otros creen que no fue más que una forma de extorsión contra la persona del Papa.

Es difícil imaginar lo que debe haber sido intentar auditar ese enjambre, retraer capa tras capa de corrupción y ofuscación, descubrir improbablemente mil millones de euros ocultos, intentar identificar a los hombres moviendo bastidores tras el escenario y desviando la atención.

Este año, se rumorea ya que el Vaticano se encuentra económicamente insolvente. Se dice que la Iglesia alemana se ha convertido en una poderosa influencia en Roma debido a que ésta recibe anualmente miles de millones de euros en contribuciones obligatorias. ¿Será posible que el Rin desemboca en el Tíber en un torrente de solvencia económica? Me pregunto si alguna vez lo sabremos.

No parece una exageración concluir que el cardenal Pell se ganó enemigos poderosos en el Vaticano mientras bregaba en ese sistema intrincado y osificado de la gestión financiera en busca de la transparencia y el cumplimiento de las normas de la banca. Un conocido me informó esta semana que se cree que incluso hay quienes, después de haber abusado de los privilegios de sus cargos en el Vaticano para beneficio personal, se dedican a financiar la campaña contra Pell.

Los rumores se transforman en acusaciones únicamente cuando la verdad surge a la luz. Si Pell es culpable de abuso sexual, debe hacérsele responsable. Mas si esto es una campaña para destruirlo, inventada por quienes tienen mucho que perder si el Vaticano sanea sus finanzas, es menester que personas con conocimiento de lo que está sucediendo den un paso al frente para exonerarlo.

De cualquier forma, la destrucción del cardenal Pell parece ser, en este momento, un fait accompli.

 

[Traducción de Enrique Treviño. Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

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