Heraldos del Evangelio. Algunas reflexiones sobre ellos

POR MARCO TOSATTI. 15 de Junio de 2017

Hoy, Stilum Curiae ofrece un espacio de expresión a un invitado, sobre un argumento particular y específico: los Heraldos del Evangelio, la asociación de origen brasileño en cuya contra está por iniciar una visita apostólica por parte de la Congregación para los Religiosos. La primera nota salió en la Nuova Bussola Quotidiana, y después se ha dado una precisión de una probable fuente vaticana (Aquí). Nos habla hoy bajo seudónimo, una persona que conoce bien la situación de los Heraldos, El Abate Faria[1].

Seguimos con interés el reciente desarrollo que involucra a los Heraldos del Evangelio, instituto religioso de derecho pontificio que se inspira en las enseñanzas del pensador brasileño Plinio Correa de Oliveira. Estos acontecimientos nos hacen surgir algunos pensamientos al respecto:

a) Si los vídeos son verdaderos, y hasta el momento no tenemos elementos para dudarlo, ciertamente existen desviaciones doctrinales y exageraciones inaceptables. Nos alegramos por la preocupación del Vaticano por la integridad de la doctrina católica. Esperamos ver aplicado el mismo rigor en otras congregaciones religiosas y a su dirección, visto que recientemente se ha puesto en duda por algunos la confiabilidad de los Evangelios porque, “no sabemos realmente qué ha dicho Jesús”. ¿Entonces, de qué estamos hablando?

b) El mismo rigor debería aplicarse en la investigación sobre la administración de los bienes de las congregaciones religiosas, transformadas ahora en algunos casos en cadenas hoteleras más que institutos de vida religiosa. Cuando el Papa pide que se acoja, ¿por qué no da un buen ejemplo imponiendo a los cientos de estructuras religiosas transformadas en hoteles, que se dispense a los huéspedes que pagan un precio desorbitante por una habitación, y hospedar gratuitamente a los necesitados y a los sin techo? Y qué decir de las decenas y decenas de escándalos financieros que han afligido a congregaciones religiosas de larga historia y tradición. En una investigación rigurosa, ¿quién se salvaría?

 

Plinio Heraldos

 

c) La historia de los Heraldos del Evangelio tiene su complejidad, entrelazada con aquella de la TFP [Tradición Familia Propiedad]. Si ha habido desviaciones, que sean sancionadas (se espera que con verdadera justicia, y no justicia dictada por otros intereses). Pero no se involucra al pensador Plinio Correa de Oliveira, que ha tenido una percepción importante en la comprensión de una cierta evolución del mundo católico. Todas esas desviaciones y cultos de la personalidad denunciados en el ámbito de la investigación sobre los Heraldos, las había rechazado siempre.

d) Personas al corriente del asunto, nos dicen que muchos fieles se han acercado a la Iglesia y a una sana doctrina católica gracias a la obra de los Heraldos del Evangelio. ¿Deberán asistir estas personas a su desmembramiento sistemático como ha sucedido a otras florecientes congregaciones religiosas antes que ellos?

 

En definitiva ‘Cui Prodest?’ [¿a quién aprovecha?]. Queda para la posteridad la dura sentencia.

Abate Faria

[Traducción de Dominus Est. Artículo original]

[1] El abate Faria (abbé Faria en el original) es un personaje de la novela El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas y Auguste Maquet, inspirado en el monje y estudioso del hipnotismo indoportugués José Custódio de Faria.

En la novela, l’abate Faria es un sacerdote italiano que había sido recluido en el Castillo de If en 1811 por un crimen político; allí se topa con el protagonista, Edmundo Dantés, al cavar bajo el muro que separa sus celdas, y se hacen amigos. Aunque los guardianes le toman por loco, Faria es un hombre inteligente, con conocimientos profundos de química, filosofía, leyes, matemáticas, astronomía, política e idiomas (habla alemán, español, francés, inglés, griego e italiano), y transmite a Edmundo sus conocimientos, así como un mapa que revela la ubicación de un tesoro importante que estuvo oculto durante siglos, y que le permitirá financiar su venganza. Poco después, el abate muere de un accidente cerebrovascular fulminante.

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